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Dos Hermanas
jueves, 18 de julio de 2019.

Refundar España

(Mateo 28, 16-20 ) “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos”, así dice Jesús en el evangelio de este domingo de la Santísima Trinidad.

La torre de la confusión

(Pentecostés) Érase una vez que se era, según nos cuenta la Biblia, unos hombres que, al principio de los tiempos, quisieron hacer una torre muy grande, muy alta. Conscientes del poder de su sabiduría y su técnica querían ponerse a salvo de todos los peligros que pudieran venirles. Y se pusieron manos a la obra.

La decisión

(Marcos 1,12-15) DESPUES de dos años preparándome para el bautismo, cuando faltan sólo unos días para la Vigilia Pascual en la que me consagraré como cristiano, me decís que me lo piense de nuevo; que vuelva a meditar seriamente si estoy preparado para bautizarme…

Ni “chicha” ni “limoná”

(Mateo 5,17-37) NOS GUSTAN demasiado las medias tintas.

Un amigo, cuando va al bar de su barrio, pide “un tres mentiras”; es decir, un café descafeinado, con leche desnatada y con edulcorante en vez de azúcar. Quizás para el café de la mañana no esté mal, pero las medias tintas en la vida dejan siempre insatisfecho.

La torre de la confusión

(Pentecostés) Érase una vez que se era, según nos cuenta la Biblia, unos hombres que, al principio de los tiempos, quisieron hacer una torre muy grande, muy alta. Conscientes del poder de su sabiduría y su técnica querían ponerse a salvo de todos los peligros que pudieran venirles. Y se pusieron manos a la obra.

Alegría en la fragilidad

Juan 2,13-25 LAS PARROQUIAS son, muchas veces, lugares donde se recoge y se expresa toda la fragilidad de las...

Fe y seguimiento

“EN EL evangelio está claro, de nada vale decir: “Señor, Señor”, si no nos llenamos del Espíritu de Jesús y no vamos haciendo, en nuestras circunstancias y con nuestras limitaciones, lo que Él hizo. No hay fe verdadera sin seguimiento de la vida y la persona de Cristo.
¿De qué nos sirve ahora quejarnos de la crisis, cuando hemos estado callados años y años con los abusos y las injusticias que la han propiciado? ¿De qué sirve quejarnos de los políticos si nunca vamos a cambiar el sentido de nuestro voto y si no vamos a participar en nuestra sociedad para que vaya cambiando? ¿De qué sirve decir que queremos una sociedad más justa si no hacemos nada por construirla? ¿De qué sirven nuestras buenas intenciones si no se concretan nunca en ninguna lucha transformadora?
Cuando subían de manera desorbitada los precios de las hipotecas, ¿cuántas manifestaciones se convocaron para protestar con la esclavitud a 40 años de tantos y tantos jóvenes? Quizás es que los de la construcción cobraban mucho más de lo que podían haber imaginado, y unos por otros callábamos. Cuando nos enterábamos que quien perteneciera al Partido se colocaba de inmediato, ¿quién levantó la voz, quién protestó?
Quizás es que muchos teníamos la secreta esperanza de beneficiarnos de tanta “generosidad” –despilfarro fraudulento y delictivo-- con el dinero público.
Ser cristianos de “bodas, bautizos y comuniones”, o sólo de cultos y adoraciones, no es ser cristiano. Seguir a Cristo es querer estar con Él día a día, y construir entre todos, con justicia y prudencia, un mundo más digno.

(Lucas 9,18-24) “EN EL evangelio está claro, de nada vale decir: “Señor, Señor”, si no nos llenamos del Espíritu de Jesús y no vamos haciendo, en nuestras circunstancias y con nuestras limitaciones, lo que Él hizo.

Podemos contra tenemos

La esperanza es el motor de la historia. El corazón humano está hecho de tal manera que en lo más profundo es esperanza de un mundo más humano y fraterno. Sin esperanza nuestro espíritu muere. Los pecados contra la esperanza  son siempre mortales y asesinos porque hacen que nos conformemos con las injusticias que vivimos. Cuando nos conformamos con el “tenemos que…” y no abrimos nuestra mirada hacia una trascendencia más justa y luminosa, acabamos conformándonos con toda clase de opresiones y de injusticias que “tenemos que” aceptar.
Los cristianos somos profundamente realistas, y sabemos de la debilidad del espíritu de todos los hombres y mujeres, comenzando por nosotros mismos. Sabemos que el corazón humano es voluble como torrente de tormenta. Pero también sabemos que lo único que nos mueve hacia el bien es la esperanza. Cuando los sacrificios no se asumen desde el amor y la esperanza, llenan de una tristeza que paraliza o se hace violenta.
Los cristianos sabemos que será difícil conseguir que jóvenes y niños tengan un futuro más humano, pero creemos que podemos conseguirlo si en nuestra acción está presente la lúcida honradez que Cristo nos pide. Los cristianos sabemos que es difícil conseguir que la valla de Ceuta y todos los muros que los hombres levantamos sean inútiles e innecesarios, pero creemos que podemos conseguirlo si nos une la experiencia profunda de la fraternidad, que vivimos los creyentes. Sabemos que revertir el desarrollo consumista y alienante, que se nos vende como el único posible, en un verdadero desarrollo del trabajo, la paz y la gratuidad, será difícil; pero a esa vocación somos llamados por un Dios, que nos promete más de lo que nos atrevemos a desear.

(Mateo 11,25-30) La esperanza es el motor de la historia. El corazón humano está hecho de tal manera que en lo más profundo es esperanza de un mundo más humano y fraterno. Sin esperanza nuestro espíritu muere. Los pecados contra la esperanza  son siempre mortales y asesinos porque hacen que nos conformemos con las injusticias que vivimos. Cuando nos conformamos con el “tenemos que…” y no abrimos nuestra mirada hacia una trascendencia más justa y luminosa, acabamos conformándonos con toda clase de opresiones y de injusticias que “tenemos que” aceptar. 

“Avalancha, invasión”

(Marcos 9, 38-48)
Muchas veces nuestra conciencia de cristianos queda oscurecida por un aluvión de mensajes y valoraciones de la realidad que se nos imponen desde los medios de comunicación y que en absoluto son compatibles con la fe que profesamos. Últimamente se está dando esto con las personas que vienen a España a trabajar y vivir en unas condiciones de vida más humanas y dignas de las que lo pueden hacer en su país.

¿Un niño será el signo?

Mateo 1, 18-24

- ESO ME dijo, Ángel, que estaba embarazada de dos meses, y que no sabía si tener al niño. Pero, ¿cómo va a tener ese niño? ¡Yo, con 23 años, padre! ¡Y ella todavía estudiando!
Le dije que me parecía una locura ser ahora padres, que ya tendríamos tiempo. Además, a mi me gusta Miriam, pero no sé si es la mujer de mi vida. Estoy bien con ella, pero un niño es para siempre...
 

 

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