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Dos Hermanas
domingo, 20 de octubre de 2019.

A cada edad, su verdad

(Lc  4, 21-30)CADA EDAD tiene su horizonte, sus posibilidades y sus limitaciones. Y las decisiones y las actitudes que van a marcar el ritmo de nuestra vida se toman en la adolescencia y en la juventud. Por eso, lo jóvenes estáis más llamados a dejaros impresionar por todo lo que en la vida ocurre, y preguntaros qué queréis hacer con la vuestra. El terremoto de Haití, las imágenes y las noticias que nos han golpeado desde los medios de comunicación, tienen que hacerte reflexionar: ¿qué quiero hacer con mi vida?

Al ritmo de la vida

Marcos 4, 26-34

POCAS COSAS en la vida se suceden con el tiempo del clic electrónico, más bien se van fraguando con el tiempo de sembrar y cosechar, un tiempo de maduración lenta. Tanto lo malo, como lo bueno. En una época de quererlo todo y ahora nos engañamos y nos frustramos con mucha facilidad porque el ritmo de la vida no es así.

El Padre no se resigna

(Lucas 6,20-26) Un padre no se resigna ni con las injusticias, ni con el dolor que pueda sufrir su hijo. Ni un padre ni una madre se resignan con ninguna situación inhumana que destruya a los suyos. El amor nunca transige al desaliento, ni a la desesperación. Como el ave fénix, resurge de las cenizas para seguir luchando por los que quiere.

Bautizos laicos

(Marcos 14, 12-26) Las personas tenemos necesidad de símbolos que muestren que algunas experiencias que vivimos son más grandes que nosotros mismos. El nacimiento de un hijo es una de ellas; y, por ello, aunque uno no quiera ser religioso siente la necesidad de vivir entre los suyos, lo grande que es ser padre o madre. Tan necesarios son los símbolos religiosos que hasta los que rechazan la religión los necesitan.

cuestión de fe

El Casino del hambre

(Lucas 16,1-13) VIVIMOS EN UN mundo en el que la actividad económica no se rige por la lógica de las necesidades de...

Luz y Oscuridad

Somos tiniebla y luz, somos sombras y claridad, somos ríos de agua fresca que en algunos recodos se remansa acumulando hojas muertas y suciedad que emerge. Somos frágiles personas excelsas y contradictorias. El sufrimiento y la entrega nos asustan; la vulnerabilidad de nuestra piel y nuestro corazón nos harían cerrarnos en nosotros mismos, si no fuera porque nuestra necesidad del otro es más grande que nuestro miedo. Somos débiles personas.

El paro no es cristiano

(Mateo 20, 1-16) En el evangelio del próximo domingo escucharemos una parábola en la que Jesús compara a Dios Padre con un empresario bueno que ofrece trabajo a todo el que lo necesita. Este empresario sale al amanecer a ofrecer trabajo al que se encuentra, y después a media mañana y a mediodía y también al atardecer. A todos ofrece trabajo; no quiere a nadie ocioso y no quiere que nadie pase necesidad. Por eso cuando llega la hora de pagar el salario a todos le paga el sueldo de un día, lo necesario para que él y su familia tengan lo suficiente para vivir. 

Tarde te amé

(Mateo 20,1-16)  “Tarde te amé, Hermosura tan antigua y siempre nueva”, decía San Agustín en sus Confesiones, haciendo una oración sentida y llena de verdad.

Una sed sin nombre

(Marcos 10,17-30) Cuando tenemos sed de agua, buscamos dónde beber. Cuando sentimos hambre de alimentos, buscamos qué comer. Incluso cuando sentimos la...

“Las comparaciones son…”

Las comparaciones son odiosas y destructivas. En la comparación tratamos a las personas, o nos tratamos a nosotros mismos, como objetos en los que...
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