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Dos Hermanas
sábado, 19 de enero de 2019.

Cínico o hipócrita

(Mateo 7,21-27) EN LO CONCRETO de la vida se juega la verdadera figura de nuestro ser. No son tus sentimientos, ni tu ideología lo que te define. Es lo que haces lo que te define: ¿Cuáles son tus diversiones?, ¿en qué empleas tu dinero?, ¿cómo te comportas en tu trabajo, con tus compañeros; en tu casa, con los tuyos? ¿Cuánto tiempo dedicas a la solidaridad con los más pobres? ¿Qué es lo que buscabas al elegir tu profesión? ¿Cómo reaccionas ante el que tiene poder?, ¿y ante el débil y sin recursos? ¿Son los pobres tus amigos? (…)

Abdelasis

(Mateo 18,16-20) Hablaba hace tiempo con un amigo marroquí, Abdelasis, un joven venido a España a ganarse la vida vendiendo alfombras y otros enseres por las calles. Abdelasis es sincero creyente musulmán; me comentó que nosotros creíamos en Jesucristo lo mismo que ellos creían en Mahoma, pero que la fe cristiana y la musulmana eran parecidas.

Religiosidad no evangélica

(Mateo 5,13-16) En el nombre del Templo de Jerusalén se asesinó a Jesucristo. Y lo hicieron hombres que decían hacerlo en nombre de la religión verdadera. Jesús de Nazaret fue acusado de hereje y de blasfemo; la pena para esos delitos era la de muerte.

Noche de luz

(Juan 20, 1-9) Primero se hizo un fuego, una fogata en el centro de la plaza, y todos nos pusimos alrededor, como si en el fuego tuviéramos que quemar todo lo que nos estorba para ser personas. Pero cuando el sacerdote comenzó la oración era algo mucho más profundo y hermoso. En la noche de los siglos la luz de Dios hizo surgir el fuego, que dio origen al mundo; en la noche de la historia la resurrección de Jesucristo hizo surgir la esperanza que ilumina al mundo. Eso era lo que significaba, no una mera purificación de nuestras culpas, sino la plenitud que no nos atrevíamos a pedir.

¿Te sientes amado?

(Juan 13, 31-35) A todos nos gusta sentirnos amados, es el oxígeno invisible que nos permite vivir y que le da verdadero sentido a nuestra vida. Hay muchos gestos pequeños que nos hacen sentir el amor.

El signo de la oración

(Juan 15, 1-8) OTRO DE de los signos de la resurrección de Jesucristo en la comunidad cristiana es el signo de la oración. La experiencia de intimidad serena con Jesucristo, en la que le expresamos todo lo que somos y vivimos, y en la que él nos acoge y nos renueva, es uno de los signos más importantes para creer que Jesucristo, no sólo ha resucitado, sino que es la Fuente de la Vida Plena.

Vida sagrada

Es sagrada la vida de cada hombre, de cada mujer, de cada niño, de cada anciana, de cada persona que nos rodea. 

¿Es usted de los cobardes?

(Lucas 4, 14-21) “Yo nunca he sido un cristiano de gustarle mucho la Iglesia. Al contrario, voy de bautizo en funeral y poco más. Pero el otro día fui a uno de esos compromisos familiares que uno tiene y me gustó la misa. Y si soy sincero tuve deseos de acercarme a comulgar.

La resurrección y la vida

Juan 20, 19-21 

No es verdad del todo que Jesucristo resucitó de la muerte. Esa forma de proclamar nuestra fe en la resurrección la convierte en un asunto personal de Jesucristo. No es sólo que Jesús resucitó, sino que Él es ahora nuestra resurrección y nuestra vida.

Inquietos, inquirientes, imprudente

(Mateo 2, 1-12) ¿Quiénes entre nosotros sois los más inquietos de la casa, los que no consentís en quedaros quietos, los que sentís la necesidad imperiosa de experimentar por vosotros mismos, de hacernos saber que queréis vivir vuestra propia vida?

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