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Dos Hermanas
domingo, 16 de junio de 2019.

Id y anunciad

(Marcos 16, 15-20) LA DESAPARICIÓN del líder carismático suele significar una crisis profunda en todo movimiento. Era él quien tenía las ideas brillantes, quien unía las corrientes diversas, quien en momentos difíciles decidía qué hacer y cómo hacerlo. Los movimientos sociales se apiñan al fuego vital de personas con espíritu, y cuando éstas faltan todo peligra.

Guías ciegos

Lucas 6, 39-45 ALGUNA DE LAS parábolas de Jesús roza con el humor negro: ¿Acaso puede un ciego guiar...

Servicio humilde

HAY QUIEN CONFUNDE la humildad con el apocamiento o con someterse fácilmente a la voluntad de otro. También puede confundirse con la...

El perfume y el frasco

(Juan 14, 15-21)  “Largo tiempo perdura la fragancia del perfume en un frasco nuevo”, decía Horacio, insigne poeta latino. Es una bella metáfora.

Normalmente los frascos para los perfumes eran de barro cocido y, por tanto, porosos. Cuando un frasco nuevo se llenaba de un perfume el barro se impregnaba de la fragancia y perduraba aunque cuando se acababa el primero otros perfumes vinieran a ocupar su lugar.
 

 

Emprender

(Marcos 16, 15-20) LA PREDICACIÓN del evangelio siempre va acompañada de signos de liberación y de gestos de generosidad incomprensibles para los que no se han encontrado con Jesucristo.

Una palabra

(Juan 11) UNA PALABRA puede cambiar la vida; o no. La palabra de un juez: “condenados”, puede romper una trama de tráfico o corrupción que llevaba año tras año, década tras década, alimentándose fraudulentamente de la sangre de los más pobres. Pero sólo esa palabra no reconstruye nada, no rehace nada de lo que se destruyó.
Muchas palabras se necesitan para ir tejiendo la vida. Muchas palabras, muchas miradas; muchas palabras de corrección suave, muchas de ánimo y de aliento, muchas de aprobación y afecto.

Siempre

(Lucas 18,1-8) 6.45: SEÑOR, gracias por este nuevo día; por los matices violetas y celestes del cielo; gracias porque vamos todos adelante.

Signos elocuentes

(Juan 20,19-21) Este tiempo de Pascua, de celebración de la resurrección de Cristo es, paradójicamente, el tiempo de la Iglesia. Es la comunidad cristiana la que acoge y vive la Resurrección. Es el grupo de los discípulos los que se ven transformados hasta los niveles más profundos de su conciencia y capacidad. Por eso, es tiempo privilegiado de alegría y reflexión para todos los que estáis incorporados a grupos de oración y apostolado en vuestras parroquias.

¿Es de los míos?

decía san agustín, en frase tan citada como controvertida: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”. Quería decir el santo que sin Cristo, de quien la Iglesia es sacramento, no es posible vivir plenamente nuestra humanidad. Sin el perdón de Cristo, en medio de nuestras pequeñas o grandes traiciones, nunca viviremos en paz; sin injertar nuestra vida en su amor de entrega, no podremos decir que nuestro amor es verdadero; sin mirarnos a nosotros mismos con sus ojos –ojos de acogida y de llamada— no podremos saber quién somos de verdad. Cristo es nuestra única y definitiva salvación.
El verdadero ser de la Iglesia es anunciar a Jesucristo, el Señor. Un Señor siempre más grande de lo que hasta ahora puede imaginar y pensar; un Señor que llama a un amor más profundo y hermoso del que hasta ahora ha vivido. Un Señor que siembra en el corazón de toda persona, dentro y fuera de la comunidad cristiana, la luz de su verdad y el calor de su presencia.
Muchas veces, para ser fiel a su misión, la Iglesia ha tenido que mirar hacia fuera para aprender todo lo bueno, lo noble y lo justo que Jesucristo siembra en la humanidad. Cuando se apartó de la inviolable libertad de la persona en sus ideas y creencias, la aprendió de los irreverentes ilustrados. Cuando se olvidó del sacrosanto valor de la justicia social, la recordó de los anticlericales de izquierda. Cuando se olvidó de la importancia de leer la Biblia, otras iglesias cristianas se la mostraron.
Los cristianos somos de Cristo –perdonad la perogrullada. Toda la santidad que Cristo siembra en la humanidad, los cristianos hemos de reconocerla como propia. ¿Quién dijo que, en algún momento, podíamos dejar de ser discípulos?

(Marcos 9,38-48) Decía san agustín, en frase tan citada como controvertida: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”. Quería decir el santo que sin Cristo, de quien la Iglesia es sacramento, no es posible vivir plenamente nuestra humanidad. Sin el perdón de Cristo, en medio de nuestras pequeñas o grandes traiciones, nunca viviremos en paz; sin injertar nuestra vida en su amor de entrega, no podremos decir que nuestro amor es verdadero; sin mirarnos a nosotros mismos con sus ojos –ojos de acogida y de llamada— no podremos saber quién somos de verdad. Cristo es nuestra única y definitiva salvación.

¿Un niño será el signo?

Mateo 1, 18-24

- ESO ME dijo, Ángel, que estaba embarazada de dos meses, y que no sabía si tener al niño. Pero, ¿cómo va a tener ese niño? ¡Yo, con 23 años, padre! ¡Y ella todavía estudiando!
Le dije que me parecía una locura ser ahora padres, que ya tendríamos tiempo. Además, a mi me gusta Miriam, pero no sé si es la mujer de mi vida. Estoy bien con ella, pero un niño es para siempre...
 

 

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