Manhattan sin Salida
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A cualquiera que haya visto un puñado de thrillers policiales le resultará (quizá excesivamente) fácil anticiparse a todos y cada uno de los pasos que la trama de Manhattan sin salida vaya a dar en su poco más de hora y media de duración.

Predecible y repleta de los clichés del género que ya hemos visto cien veces, mil veces, la película, sin embargo, puede llegar a enganchar por su empaque visual, y por el realismo sucio con que su director, Brian Kirk, dota a las imágenes, con la crudeza de la violencia para con los policías, y en cómo se maneja el suspense en cuanto a imágenes, no así en cuanto a sus diálogos, que en algunos momentos llegan a sonrojar.

Andre Davis es un ex-policía, reconvertido en investigador, que arrastra un trauma y que tiene fama de violento con los violentos, al que le encargan la investigación del asesinato de varios policías.  Estos habían llegado en mal momento a una vinería que era una tapadera de tráfico de drogas, y que estaba siendo atracada por una banda rival que pretendía robar la cocaína.

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Durante la búsqueda contra el reloj de los responsables, antes de que puedan desaparecer, se decide cerrar todos los puentes de acceso a Manhattan, aparte de bloquear las estaciones de bus, tren y metro de la isla, dejándola aislada y encerrada en sí misma. Davis descubre una conspiración, lo que le obligará a discernir entre aquellos a los que caza y los que están tratando de cazarle a él.

Estados Unidos, 2019 (99′)
Título original: 21 bridges.
Dirección: Brian Kirk.
Producción: Chadwick Boseman, Logan Coles, Mike Larocca, Gigi Pritzker, Anthony Russo, Joe Russo, Robert Simmons.
Guión: Adam Mervis, Matthew Michael Carnahan.
Fotografía: Paul Cameron.
Música: Alex Belcher, Henry Jackman.
Montaje: Tim Murrell.
Intérpretes: Chadwick Boseman (Andre Davis), Sienna Miller (Frankie Burns), J.K. Simmons (Capitán McKenna), Stephan James (Michael), Taylor Kitsch (Ray), Keith David (Jefe Ayudante Spencer), Alexander Siddig (Adi), Louis Cancelmi (Bush), Victoria Cartagena (Yolanda), Gary Carr (Hawk), Morocco Omari (Subalcalde Mott), Chris Ghaffari (Brad Gales).

El principal problema de Manhattan sin salida es que se toma a sí misma demasiado en serio. Quiere hablar de la corrupción policial, de que ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos, pero la trama parece escrita con prisas, recopilando ideas de mil sitios y encadenándolas unas detrás de otras. Todo suena a ya visto, todo resulta predecible, no hay sorpresas. Y lo que es peor, si no fuera por la violencia seca de algunas escenas, resultaría risible. Y digo de algunas porque en otras ocasiones, sí, la situación llega a resultar involuntariamente cómica.

No ayuda el hecho de que la historia esté articulada con dos tramas que discurren paralelas: las del policía y la de los ladrones, llegándose a dar la paradoja de no saber quién es el héroe de la película, a quién estamos siguiendo. Pero, hay muchos más agujeros en un guion que hace trampas y que se contradice a sí mismo, ¿cómo si no explicar que un metro en el que se suben perseguidor y perseguido salga puntualmente, con todos los policías en las cercanías y con la isla bloqueada?

En fin, un entretenimiento fácil, que se parece a muchas cosas como para tener personalidad propia, y que se olvida tan fácilmente como se ve.
Más críticas en https://happyphantomblog.wordpress.com/.

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