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Sí, sí, señoras y señores, ahora no se habla de otra cosa. No hay nada más urgente que vigilar ni decidir en este país, que definir si los padres tienen o no tienen que dar permiso explícito a los coles para que sus hijos asistan a determinados contenidos extraescolares.

A ver, que yo no digo que no sea un tema importante, porque los niños y niñas de ahora son las que decidirán el futuro de nuestro país (o de lo que quede de él) cuando sean grandes. Pero yo creo que el debate no debería ir más allá de la responsabilidad que tenemos todos los adultos de formar a nuestros jóvenes en el respeto, la responsabilidad, la igualdad y la solidaridad para caminar hacia una sociedad mejor y más justa, paso a paso. Y todo lo que sea salirnos de ese camino ya va mal por definición.

Si un niño o una niña tiene unos padres homófobos, machistas, avariciosos, irrespetuosos… y en el cole se va a dar un taller por ejemplo, sobre igualdad y respeto, pues sería una locura permitir que esos padres prohíban a sus hijos que asistan, con la idea de “a mi hijo/a le van a llenar la cabeza de ideas feministas”. En este caso no me parece bien el poder que el pin parental les da a esos padres.

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Y a la contra, si es el colegio el que tiene una clara idea de adoctrinar a sus alumnos sobre contenidos que se salgan de lo establecido en la Constitución, pues los padres no solo tienen que ponerles un Pin, si no denunciarlos por adoctrinamiento, eso después de sacar a sus hijos de esas aulas, que es lo primero que tienen que hacer.

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