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No es cierto que tengan siete vidas, pero casi. Se convierten en leyenda, personajes que aparecen y desaparecen cual bruma mañanera de invierno, y te preguntas… ¿te acuerdas de aquel tipo que pedía limosna en la esquina de la 52th y que siempre estaba empinando una botella de vino ramplón? Y oíste por ahí que había fallecido, que ya estaba en las últimas.

Pobre diablo, ‘ya descansa en paz’… la vida que le había tocado en el desafortunado reparto de los destinos al nacer… Y cuando menos te lo esperas lo ves de nuevo en el mismo lugar pidiendo unas monedas…

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