festival de cine de sevilla
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Concluyó el pasado sábado una nueva edición del Festival de Cine de Sevilla, una edición en la que pudimos ver más de doscientas películas, y que contaba con una de las secciones oficiales más potentes que se recuerdan, ya que en esta ocasión se decidió ir sobre seguro seleccionando grandes nombres y cintas que ya venían con un bagaje de reconocimiento a sus espaldas. Nos centramos (como cada año, y de modo breve) en el concurso oficial, con un palmarés repartidísimo.

La película que inauguró el Festival de Cine de Sevilla(de la que hablamos la semana pasada) fue la española Madre, de Rodrigo Sorogoyen, que se hizo con el premio a mejor actriz gracias al magnífico trabajo de Marta Nieto. Premio que fue compartido con Zorica Nusheva, protagonista de Dios existe, su nombre es Petrunya, sobre la dificultad de ser mujer en una sociedad tan machista como la macedonia, y que también se llevó el premio Women in Focus. El premio a mejor actor fue para Pierfrancesco Favino, por su papel en la potente El traidor, película de un clásico como Marco Bellocchio, sobre el hombre que delató a los capos de la Cosa Nostra siciliana.

Las otras dos películas españolas en el concurso compartían el transcurrir durante la noche en gran parte de su metraje. Liberté, de Albert Serra, en la que un grupo de nobles da rienda suelta a sus deseos y pasiones en medio de un bosque, y Longa noite, de Eloy Enciso, sobre las heridas de la guerra civil. Ambas se fueron sin premio. Lo mismo que Gloria mundi, de otro clásico, Robert Guédiguian, protagonizada por una familia a la que no dejan de ocurrirle desgracias; Tommaso, del mítico Abel Ferrara, cinta autobiográfica en la que el director se enfrenta a sus fantasmas y lucha contra sus viejas adicciones; la segunda película en la que Bruno Dumont se centra en la figura de Juana de Arco, Jeanne, de aspecto teatral y que va ganando en interés a medida que avanza; Sobre lo infinito, en la que Roy Andersson muestra su habitual estilo austero y caustico, yendo un paso más allá en su simbolismo; y la magnífica Little Joe, cuarta visita de Jessica Hausner al certamen sevillano, sobre una flor que provoca la felicidad en aquellos que la huelen, aunque les despoja de cualquier tipo de empatía hacia otras personas.

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De repente, el paraíso, la simpática película autorreferencial de Elia Suleiman, se llevó el premio Eurimages a mejor coproducción europea. La muy interesante El reflejo de Sibyl, en la que una psicoterapeuta utiliza los muchos problemas de una de sus pacientes para escribir un libro, dirigida por Justine Triet (en su tercera visita al SEFF) fue la mejor película para los críticos andaluces. La famosa invasión de los osos en Sicilia, segunda vez que una película de animación formaba parte de la sección oficial, recibió el premio Europa Junior y una mención especial por el jurado oficial. La ucraniana Atlantis, que transcurre en un futuro cercano, después de una guerra que ha asolado el país, fue reconocida por la mejor fotografía, obra de su director, Valentyn Vasyanovich. El premio al mejor guion fue para La Gomera, cinta del rumano Corneliu Porumboiu, donde un policía corrupto acude a la isla canaria del título para aprender el idioma del silbo y poder comunicarse con sus socios de la mafia sin ser descubierto. El mejor director fue considerado Nadav Lapid, por su insoportable Sinónimos. La portuguesa Technoboss, curiosa road-movie musical dirigida por Joao Nicolau, recibió el Gran Premio del Jurado.

Por último, el Giraldillo de Oro de este año en el Festival de Cine de Sevilla fue para la portentosa y apabullante Martin Eden, del italiano Pietro Marcello, historia de amor, parábola sobre la lucha de clases, homenaje al mundo de las letras y las artes, con un montaje arrollador, y momentos demoledores, y que fue sin duda la mejor de las participantes.

Todas las críticas en happyphantomblog.wordpress.com.

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