calle de aníbal gonzález
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Los orígenes de la calle de Aníbal González están en los años centrales del siglo XVIII. Se abrió un callejón de escasa entidad que serviría para comunicar la calle de Sevilla con la de la Marea, y que pronto sería conocida como callejuela del Padre Tomás. En ese momento, no existían casas en ella, por lo que no tenía vecinos, razón por la cual no apareció reflejada en el Catastro del Marqués de la Ensenada.

Pero, ¿quién era ese Padre Tomás, tan enigmático para nosotros? Se trataba de don Tomás Rodríguez de Rivas, cura nacido en nuestra villa, hijo de Tomás de Rivas (1689-1760) y de su segunda esposa, Francisca Barbero Ortiz. Estuvo muy vinculado a la parroquia nazarena, siendo muy querido y respetado por sus convecinos, un cariño que rallaba casi la veneración todavía en el último tercio del siglo XIX. La condesa belga Roubesart llegó a decir: “no sé si se le puede decir ora pro nobis al padre Tomás, su vida me es desconocida y exhorto a mis corresponsales que moderen su fervor”. En cualquier caso, por tener este Padre Tomás ciertas propiedades en esa nueva callejuela, ésta tomó su nombre.

Gracias a su situación, pronto comenzaron a labrarse casas en esta vía, y ya en 1819 contaba con 26 viviendas. En esa fecha, Nicolás Sánchez vendía carne en su tienda, mientras que José Martín de Lara poseía una panadería. Son éstos los primeros negocios que hemos podido documentar en esta céntrica calle.

Calle terriza

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Durante todo el siglo XIX (hasta bien entrado la siguiente centuria), fue una calle terriza, impracticable durante buena parte del año, como las demás de la villa. La aristócrata belga que hemos mencionado, nos ofrece una de las primeras descripciones de esta vía. En 1877, escribió: “ofrece el más accidentado descuido; su arena roja está llena de surcos; cinco o seis de sus casas no tienen tejado; muchas están abandonadas”.

Poco tiempo después, en la década de 1880 vemos en esta calle una casa de vecinos. Estaba situada en el número 8, y debía ser de grandes dimensiones, pues en ella vivían hasta 19 familias.

La calle del Padre Tomás, finalizó el siglo con 39 casas y 147 vecinos (algunos de ellos viejos manchoneros de la villa), según se recoge en el padrón parroquial de 1892.

El siglo XX no empezó bien para esta vía, pues no se vio beneficiada en el reparto de farolas de luz eléctrica. Tampoco las autoridades vieron necesario el adoquinado de la calle. Para ello hubo que esperar hasta 1927.

En febrero de ese año, el alcalde Joaquín Varo Jiménez hizo patente la urgente necesidad de reparar la calle General Concha, y para ello, según su opinión, se debía elegir la piedra de la cantera de Palomo (propiedad de José Gómez Jiménez), por ser “la de mejor calidad y dureza de las que existen en el término y los colindantes”.

En la época de la posguerra, no fueron numerosos los negocios en la calle Aníbal González. Sin embargo, debemos destacar y recordar la mercería regentada por Álvaro Pareja, que aún sigue abierta (es una de las tiendas más antiguas de nuestra ciudad), ubicada en la esquina de esta calle con Santa María Magdalena.

También debemos destacar que en esta calle tiene su sede la cofradía de la Oración en el Huerto desde marzo de 1973.

¿Qué nombres tuvo?

Muy poco después de su creación, esta calle fue conocida como callejuela del Padre Tomás, por tener en ella propiedades el presbítero nazareno Tomás de Rivas. Con tal denominación se mantuvo hasta 1900, cuando el consistorio decidió bautizarla con el nombre de General Concha, en honor al militar Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen (1808-1874). Sin embargo, en 1929, al celebrarse la Exposición Iberoamericana de Sevilla, se tuvo a bien nombrar a esta calle Aníbal González, para honrar la memoria de ese arquitecto sevillano, artífice de la Plaza de España y fallecido el 31 de mayo de aquel año. Entre 1932 y 1937 el nombre de la calle sufrió ciertos vaivenes: Sanchis Banús (por el médico José Sanchis Banús, fallecido en 1932) (1932-1934), Aníbal González (1934-1935) y, nuevamente Sanchis Banús (1935-1937). En ese último año, se le volvió a llamar Aníbal González, conservándolo hasta nuestros días.

Además de esas denominaciones oficiales, esta vía ha sido conocida popularmente de dos maneras: ‘Patomás’ (deformación de Padre Tomás) y calle de ‘Alvarito’, por tener en ella su residencia y negocio (haciendo esquina con Santa María Magdalena) el antes aludido Álvaro Pareja Rivas, conocido en el pueblo con el cariñoso diminutivo ‘Alvarito’.

Vecinos destacados

De los vecinos más notorios que han residido en esta céntrica calle, destacaremos tres. En primer lugar, y como no podía ser de otra manera, la condesa belga Juliette de Roubesart (1824-1900), que se alojó (entre 1876 y 1877) en el n.º 7 de esta vía, casa propiedad de su pariente Trinidad Desmaissières y Fernández de Santillán. A ella debemos una descripción de la calle, como ya hemos tenido ocasión de recoger. Igualmente destacado fue el notario Manuel Pelayo y Pelayo (1847-1900), quien durante unos años abrió su notaría en esta calle. Por último, debemos recordar la figura de Álvaro Pareja Rivas (1907-1991), que tan relevante papel jugó en la hermandad de Oración en el Huerto (1976-1978), donde fue, entre otras cosas, hermano mayor.

Sabías qué… ? En febrero de 1882, el gobernador civil informó al alcalde Juan Luis de Cózar de que los reyes Alfonso XII y María Cristina de Austria pasarían en tren por Dos-Hermanas. Pero no hubo parada, como ocurrió en 1877, por lo que las autoridades locales congregadas en la estación de ferrocarril tuvieron que conformarse con el fugaz saludo de los monarcas.

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