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Querido hijo David:

Nuevamente llegó octubre, víspera de la Romería de Valme. Creo que ese día estaba predestinado para ti, mi corazón. Fue un 18 de octubre, Romería de Valme, cuando el destino quiso llevarte de mi lado, mi vida, mi amor… Nunca he podido volver a esa romería, a la romería que fuimos con ilusión y alegría pero que quedaría marcada en mi corazón. Cada año llega esa fecha, octubre, implacable, inexorable como el tiempo… Algo que no se puede detener, está cargado de recuerdos imborrables: muerte, pena, dolor y soledad instalados en mi vida. Mi vida, octubre me anuncia desde el calendario que te fuiste con tu preciosa vida que no te dio tiempo a vivir…
No me importan los años que pasen, para mí siempre será ayer. Siempre estoy instalada en octubre, donde me quedo anclada irremediablemente sin poder partir. Si bien sé que todos los días son iguales porque el dolor que siento es tan profundo que a veces no puedo respirar, también sé que jamás podré olvidar que viniste al mundo un 18 de febrero y te perdí un 18 de octubre.

Te sigo amando y recordando siempre, mi vida, mi amor, tu mamá.

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