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La todopoderosa Disney sigue empeñada en estirar el chicle, no solo con el hecho de rehacer sus clásicos animados en carne y hueso, sino en ampliar las historias con segundas (y hasta terceras, al tiempo) partes. Ahora le ha tocado el turno, otra vez, a Maléfica, Maestra del Mal. Cinco años después de la primera parte, que cambiaba la perspectiva del cuento clásico, dándole un nuevo enfoque al tratar a la famosa bruja de La bella durmiente no como una malvada, sino como una incomprendida, y cuyo éxito superó las expectativas, los jefazos decidieron que era conveniente ampliar la historia.

Estados Unidos-Reino Unido, 2019 (118′)
Título original: Maleficent: Mistress of Evil.
Dirección: Joachim Rønning.
Producción: Duncan Henderson, Angelina Jolie, Joe Roth.
Guión: Micah Fitzerman-Blue, Noah Harpster, Linda Woolverton.
Fotografía: Henry Braham.
Música: Geoff Zanelli.
Montaje: Laura Jennings, Craig Wood.
Intérpretes: Angelina Jolie (Maléfica), Elle Fanning (Aurora), Harris Dickinson (Príncipe Philip), Michelle Pfeiffer (Reina Ingrith), Sam Riley (Diaval), Chiwetel Ejiofor (Conall), Ed Skrein (Borra), Robert Lindsay (Rey John), David Gyasil (Percival), Jenn Murray (Gerda), Juno Temple (Thistlewit), Lesley Manville (Flittle), Imelda Staunton (Knotgrass).

Esta vez, el resultado de Maléfica Maestra del Mal se aleja mucho de la anterior, y queda como una explosión de efectos especiales, pero cuya historia tiene muy poco sentido.
Ya desde el arranque la cosa pinta muy mal. La voz en off que comienza narrando el “Érase una vez…” dice, a los pocos segundos, que Maléfica “sin que nadie sepa muy bien por qué, se ha vuelto malvada de nuevo…” Así, sin anestesia, entramos en un mundo sobresaturado de CGI, tan abigarrado que echa para atrás, y con una primera parte (que se hace larguísima) en la que el almíbar te deja agotado. Y ya en esos momentos descubrimos que esa declaración de que “se ha vuelto malvada” es, cuanto menos, cuestionable.

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El príncipe Phillip le pide a Aurora (ahora Reina de la Ciénaga), y ella acepta, aunque Maléfica no termina de verlo claro del todo. En la cena de compromiso, Ingrith, reina de Ulstead y madre del novio, consigue que Maléfica sea señalada como culpable de la maldición que le ha caído al rey John, lo que pone en marcha una serie de sucesos que llevarán a una guerra, en la que Ingrith deja claras sus aviesas intenciones.

Esta segunda parte, que en realidad poco tiene de continuación de la primera (los responsables se la han sacado de la manga tras el éxito inesperado de la anterior), tiene más contras que pros. La historia se pierde en elecciones incorrectas en favor de un exceso de efectos visuales, y un conglomerado de personajes y poderes sin mucho sentido y nula explicación. Incluso la mayoría de personajes principales falla: la química entre los amorosos casaderos es prácticamente inexistente, la misma Maléfica se pasa la mitad de la película como perdida, esperando que todo pase. Únicamente la presencia de Michelle Pfeiffer hace que la película avance (aunque tampoco es que su personaje ofrezca grandes sorpresas).

La batalla que supone el clímax (más que obvio) presenta unas más que evidentes referencias a un clásico reciente de la televisión como es Juego de tronos, donde Ingrith sería Cersei Lannister y Maléfica sería Daenerys Targaryen atacando Desembarco del Rey desde el aire. Es una de las secuencias más esperadas de la película, pero está rodada de modo aturullado y resulta en muchos momentos incomprensible, sobre todo por el excesivo uso de los efectos especiales. Al final, todo se cierra con otro exceso, en este caso de almíbar. Una escena que se alarga de modo innecesario y que resulta empalagosa y cursi hasta decir basta.

Todos estos excesos y las malas decisiones narrativas, ocultan el mensaje de los peligros de los pensamientos absolutistas y el manifiesto en defensa de la naturaleza y contra la explotación de sus recursos, que no llega, no funciona, y Maléfica Maestra del Mal termina por no ser válida ni para el público infantil ni para el adulto.

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