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La capilla de Señora Santa Ana alberga entre sus muros numerosos elementos artísticos dignos de ser mencionados. Pero de todos ellos nos vamos a detener, en esta ocasión, en el magnífico retablo barroco que preside el recinto desde hace ya varios siglos, siendo, por cierto, el retablo más antiguo conservado en Dos-Hermanas.

Fue realizado en madera de pino de Flandes a fines del siglo XVII y principios de la siguiente centuria por el maestro ensamblador Juan Francisco de Valencia, debiéndose la autoría de las imágenes de San José y San Joaquín a los escultores Agustín y Miguel de Perea (padre e hijo, respectivamente). Sustituyó en su momento a otro retablo de menor tamaño, previsiblemente de la segunda mitad del siglo XVI, que respondería a la tipología de retablo tríptico, y del cual sólo quedarían dos puertas, una de las cuales se conserva actualmente en la capilla.

En esa puerta aparece pintada la imagen de San Pedro y debajo el hallazgo de la imagen de la Patrona y las reliquias. El coste del retablo barroco, cuyas trazas quedaron concluidas en 1702, ascendió a 500 ducados, siendo pagados por la hermandad de la Patrona. Asimismo, pudo ser dorado gracias a los 500 pesos escudos que recibió la cofradía de Santa Ana del indiano Bartolomé Rodríguez de Córdoba, como bien pudimos recoger en estas páginas en 2016.

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El magnífico retablo barroco sigue esta disposición: sobre un alto banco se levanta el cuerpo principal, en el que la calle central sobresale respecto a las calles laterales, para contener la hornacina donde se encuentra la imagen de la titular de la Capilla y Hermandad, Señora Santa Ana, importantísima y muy valiosa escultura medieval.

Los tres espacios se articulan con columnas salomónicas de seis espiras recorridas de motivos florales y coronadas por capiteles corintios. El nicho principal y los encajonamientos laterales donde figuran las esculturas de San José y San Joaquín, delimitan su entorno con molduras de ovas y dentellones de recorrido rectilíneo con algunas estrangulaciones curvas en el caso de la hornacina central, sobre la cual se insinúan los extremos de un frontoncillo mediante tallos avolutados.

Sobre la cornisa está un ático integrado por hornacina trilobulada entre pilastras, en la que se encuentra una imagen de San Roque, y a los lados volutas, tarjas y racimos conformando una complicada trama, que llenan el espacio dejado en altura por las calles laterales del cuerpo inferior. Las columnas externas del cuerpo principal se rematan en el ático por jarras. Cierra el conjunto una cornisa curva abierta en su tramo central para dejar paso a una cartela enmarcada por hojas carnosas.

Elementos del magnífico retablo barroco

1 La imagen de Señora Santa Ana, que preside el camarín, merece un apartado propio, por lo que por ahora no nos detendremos en ella.

2 En el ático hallamos una imagen de San Roque, del siglo XVI. Según Hernández Díaz, pertenece al círculo de Juan Bautista Vázquez ‘el Viejo’. Esta talla, en su origen, no ocupaba este lugar, ignorándose desde cuándo corona el retablo de la Patrona. Es muy probable que proceda del antiguo hospital de Santa Ana (no olvidemos que San Roque es uno de los protectores contra las epidemias).

3 La imagen de San José, ubicada en el lateral, fue realizada por Agustín de Perea, aunque fue rematada por su hijo Miguel. Presenta al Santo Patriarca de pie, sosteniendo una vara de azucenas y llevando en brazos al Niño Jesús.

4 El San Joaquín que aparece en el otro lateral, también es obra de los mismos artistas, y aparece siguiendo la iconografía clásica del Santo esposo de Santa Ana. Está de pie, con báculo y portando una oveja.

5 A los pies de la Patrona se encuentra un relicario de madera, que sigue el estilo artístico del retablo. En tres compartimentos se guardan las reliquias que según cuenta la tradición aparecieron junto a la imagen de Santa Ana: la cruz, el rosario y la campanilla.

6 Sobre el banco vemos dos representaciones que pasan casi desapercibidas: son los bustos de las dos hermanas en actitud de rezar. Se trata de la representación más antigua de las hermanas que, siempre siguiendo la tradición, dieron origen y nombre a nuestra ciudad.

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