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En el primer reparto de cajitas que hicimos en los campos de refugiados saharauis este año, cuando ya estábamos terminando y los niños gritaban felices con sus cajitas y miraban ansiosos a sus compañeros para ver qué regalos les habían tocado, se me acercó el responsable del almacén del colegio donde teníamos guardadas las cajitas.

Con lágrimas en los ojos, me dijo: “El Corán enseña que no hay nada mejor en la vida que llevar alegría a los niños”. En ese momento, al volver mi cara al patio donde estaban alrededor de 400 niños y niñas disfrutando de sus regalos, sentí de nuevo el poder de un sencillo regalo, el impacto real en la vida de los niños de Operación Niño de la Navidad.

En otros colegios, el director pidió hablar con el grupo cuando ya nos marchábamos después del reparto. Quería explicarnos el beneficio que supone para el colegio que los niños vivan una experiencia tan alegre. “Normalmente vienen al colegio para esforzarse, estudiar, exámenes, etc. Pero vosotros les habéis creado un recuerdo alegre en su colegio que nunca olvidarán”. Sin lugar a dudas, cada reparto de cajitas fue una fiesta, una gran celebración que trajo bendición a las vidas de todos los niños del campamento de refugiados.

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Bendecir a los niños está en el corazón del mensaje de Jesús. En varias ocasiones puso a los niños como modelo, los tomó en sus brazos y los bendijo. Cuando entregamos una de las cajitas con regalos, estamos bendiciendo a los niños y fortaleciendo su valor como personas únicas y especiales. Antes de comenzar los repartos, siempre les digo que cada cajita lleva un mensaje de amor de los donantes que enviaron ese regalo y también del amor de Dios, porque Dios no los ha olvidado.

En muchas ocasiones los niños aplauden al escuchar este mensaje porque se sienten valorados y queridos. Dentro de unos días, los lápices de colores se gastarán, también el jabón y puede que los juguetes se rompan, pero hay algo que nunca podrán olvidar y que marcará sus vidas para siempre: el amor, la bendición y la alegría. Juntos estamos cambiando el mundo, cajita a cajita.

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