En la montaña rusa que es la filmografía de Alejandro Amenábar, donde ha tenido éxitos y fracasos, le tocaba ya estar en el lado bueno, después de los desastres de sus anteriores cintas, las muy flojas Ágora y Regresión. Así, el autor de buenas películas (tan diferentes entre sí) como Tesis, Los otros o Mar adentro, nos ofrece con Mientras dure la guerra una cinta muy interesante. En la que, a pesar de tratar un tema que en este país nuestro siempre resulta polémico, como es el de la Guerra Civil, con el que es fácil caer en el maniqueísmo, de hecho se suele caer, Amenábar huye de él (y lo consigue casi del todo)

Situada en el verano de 1936, en los inicios del levantamiento militar contra la República, en la ciudad de Salamanca, la trama toma como protagonista al insigne Miguel de Unamuno, que tras apoyar públicamente la sublevación por los desmanes del gobierno, es destituido de su puesto. Mientras, el general Franco inicia una campaña, con el apoyo de un equipo fiel, repleta de éxitos con la esperanza de hacerse con el mando único. La deriva sangrienta que va tomando el conflicto, y el encarcelamiento de algunos amigos llevan a Unamuno a cuestionar su postura inicial.

España-Argentina, 2019
Dirección: Alejandro Amenábar.
Producción: Alejandro Amenábar, Fernando Bovaira, Domingo Corral, Hugo Sigman.
Guión: Alejandro Amenábar, Alejandro Hernández.
Fotografía: Alex Catalán.
Música: Alejandro Amenábar.
Montaje: Carolina Martínez Urbina..
Intérpretes: Karra Elejalde (Miguel de Unamuno), Eduard Fernández (Millán Astray), Santi Prego (Francisco Franco), Luis Bermejo (Nicolás), Tito Valverde (General Cabanilles), Nathalie Poza (Ana), Patricia López Arnaiz (María), Inma Cuevas (Felisa), Carlos Serrano-Clark (Salvador Vila), Luis Zahera (Atilano Coco), Luis Callejo (General Mola), Mireia Rey (Carmen Polo).
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No ha faltado quien ha resaltado los errores históricos de la cinta, olvidando que todas (absolutamente todas) las películas basadas en hechos reales se toman alguna que otra licencia para que la cinta funcione como producto fílmico. Y sí, hay cosas que en realidad no sucedieron, o que ocurrieron de modo diferente, pero en lo sustancial Amenábar se lo ha tomado muy en serio, intentando tomar un punto medio, sin decantarse por uno de los bandos.

De hecho, no cae en lo fácil, que hubiera sido caricaturizar a algunos personajes que se podían prestar a ello (el histrionismo de Millán Astray, por ejemplo). Es más, el dibujo de caracteres es magnífico. No hay brocha gorda en ninguno de ellos, todos tienen matices que ayudan a humanizarlos. También ayuda, por supuesto, el inmenso trabajo de Santi Prego, Karra Elejalde y Eduard Fernández.

Amenábar ha creado un retrato veraz de la compleja España, con protagonistas complejos, con aristas, y que se muestra alejada a lo que acostumbra a mostrar nuestro cine del conflicto. Y que, además, en cierto modo, sirve como reflejo en la España actual.

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