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Lucas 15,1-32

NO, NO ERA senderismo, era ir campo a través; por los sembrados, por los olivares, orientándonos por la intuición de que tras la loma que remontábamos íbamos a encontrar un camino, o que al culminarla veríamos la torre de la iglesia… Más de una regañina nos ganamos por llegar tarde, sucios y con las piernas arañadas de los matojos que no pudimos, o no quisimos, esquivar: era tiempo de aventura; aventura con pantalones cortos, que es la que más se saborea.

El buen pastor que -sin atender a matemáticas-deja 99 ovejas en el desierto para ir en busca de la que se le había perdido, no iba campo a través. Subiendo lomas, bajando cerros, sorteando setos, cruzando cauces secos de correntías, mirando y mirando, aguzando el oído, hasta encontrar la que había perdido.

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Páramos de superficialidad y tedio cobarde; valles de frondosos arbustos, todos con frutas ácidas, las de la pornografía, las del consumismo, las de la televisión basura o carroñera; desfiladeros de adicciones químicas o telemáticas que anulan la voluntad; roquedales de egoísmo y xenofobia, de intolerancia y rechazo al diferente; zarzas de sentimientos obsesivos en las que dar un paso significa enredarte más y herirte con la desesperación por liberarte; pozos profundos en los que te metieron el desprecio y la injusticia de los demás, hipotecas abusivas, salario de explotación…. Estos son los pasos del buen pastor que te busca.

No sólo en el Sagrario o en la Biblia puedes encontrar al Señor, siguiendo los pasos del Buen Pastor, acercándote a tu hermano que sufre.

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