Para los que hemos pasado la mayor parte del verano en la ciudad de Dos Hermanas, la principal sensación que tienes cuando paseas por las calles es la de molestia por las numerosas obras que se suceden por toda la ciudad. El ruido de las obras, el polvo, los cortes de tráfico. Todo ello unido al calor hace que el periodo estival en una gran ciudad como la nuestra sea toda una odisea de lo menos relajante.

Pero en los días en los que no te levantas con el pie cambiado y paseas por Dos Hermanas con otro ánimo, la percepción que tienes del municipio es otra muy distinta. Más que molestias, son avances y mejoras, era lo que me repetía mientras disfrutaba de un largo paseo por el término municipal a finales del mes de agosto.

Vale que el centro de la ciudad está patas arribas con las obras que Emasesa acomete en la calle Purísima Concepción. Pero en un futuro no muy lejano se agradecerá cuando estas actuaciones impidan que las fuertes lluvias dejen esas imágenes de inundaciones que todos tanto hemos criticado.

Pero los principales cambios o mejoras que se perciben en Dos Hermanas tienen lugar en esa zona llamada de Entrenúcleos. Con sólo darse un paseo por sus amplias avenidas, cuando el sol ya no pega tan fuerte, te das cuenta de las dimensiones que va adquiriendo la ciudad de Dos Hermanas. Allí está el nuevo campus de la nueva Universidad Loyola, un centro privado sí, pero que traerá progreso al municipio. O muy cerca, se acometen las obras del autobús que conectará la zona de Montequinto con Dos Hermanas, avanzando en materia de transporte.

Por no hablar de las numerosas promociones de viviendas que se levantan por esta zona y que en pocos meses llenará de vida una zona que parecía muerta y sin vida.

Por eso, animo a todos los que salimos a la calle con la crítica en la boca a que miremos con otra visión más positiva todo lo que acontece a nuestro alrededor. Sobre todo, cuando son avances y mejoras.

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