Deseo plasmar en estas líneas el recuerdo y el dolor que sentimos los familiares, amigos y conocidos por el fallecimiento de Ana María Dorado. Es tremendamente difícil tratar de expresar en palabras el profundo dolor que la ausencia de Ana María ha dejado en sus hijos, hermano, hermanas, sobrinos y demás familia y amistades.

Ciertamente todos conocíamos, todos éramos conscientes de la grave enfermedad que padecía pero, aún así, lo cierto y verdad es que nunca nos hacemos a la realidad de que las personas que se quieren llega el día en que desaparecen de nuestra vida.

Ana María fue ingresada en el Hospital del Tomillar y, a partir de ese momento, ese lugar se convirtió para los familiares y demás amistades en un punto de encuentro, donde las visitas y las muestras de cariño no cesaron en ningún momento. En el recuerdo de Ana María (mejor decimos Ani, que es como la llamábamos siempre) el día de Santa Ana, su día, ella no estaba físicamente con nosotros, pero espiritualmente nos acompañó en la celebración del día de su Patrona. La diferencia está en que, mientras nosotros rezamos aquí, ella estará contemplándola cara a cara en los cielos.

Es muy significativo que, el ingreso en el hospital coincidió casi con el comienzo de la Novena a la Virgen del Carmen, de la cual Ani era muy devota. Precisamente fue el día 16 de julio, el mismo de la Solemnidad de la Virgen del Carmen, cuando abrió los ojos de su alma y, al día siguiente, el 17, después del mediodía… ¿Qué pasó? ¿Acaso no la tomaría de la mano con su Escapulario la Virgen del Carmen para llevarla a su Hijo?

En los pocos días que estuvo en el Tomillar, fueron muchos los gestos de cariño y agradecimiento que mostró no sólo a sus familiares y amigos, sino a todo el personal del hospital, a los médicos, enfermeras, incluso a las cocineras, pues decía: “ponen muy bien de comer”. De todos sus gestos, yo me quedo con el de la sonrisa de agradecimiento por las visitas del capellán P. José Luís, del que decía: “es muy cariñoso”.
El día 18 de julio fue exhumado su cadáver. En la Capilla del Tanatorio, en el Oficio de responso se rezó su Salmo preferido: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”, el 23. Tus familiares y amigos que te quieren y que nunca te olvidan, se despiden de ti hasta la eternidad.

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