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Cinco años después de coincidir en Interestellar, dos intérpretes premiados con el Oscar como Matthew McConaughey y Anne Hathaway vuelven a trabajar juntos en Serenity. Una película que falla absolutamente en todo lo que se propone. Tanto, que uno no puede más que preguntarse cómo diablos han engañado a dos estrellas premiadas para participar en semejante engendro.

En la pequeña y paradisíaca isla de Plymouth, Baker Kill, antiguo militar de misterioso pasado, es el capitán de un barco pesquero con el que lleva de excursión y de pesca a acaudalados turistas para ganarse el sueldo. Su vida tranquila se hace añicos cuando un día aparece Karen, su ex-esposa, que le había abandonado por un rico y violento contratista mientras él estaba de misión en Irak. Ella, que ha comprendido que un divorcio no le serviría para salvar su vida y escapar de las palizas, le pide ayuda desesperada, y le ruega que la salve a ella y al hijo de ambos, llevando a su violento esposo al mar en una excursión y arrojándolo a los tiburones.

Serenity tiene todos los mimbres del cine negro clásico, con una pizca de thriller y con un giro hacia la ciencia-ficción, que parece metido con calzador para explicar todos los bandazos y todos los sinsentidos de un guion que, en muchos momentos, provoca vergüenza ajena. A esta sensación no ayuda (más bien lo contrario), las interpretaciones impostadas, forzadas, pasadas de rosca de la pareja protagonista. Hathaway es terrible, pero lo de McConaughey es un serio caso de estudio.

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Knight, que había dirigido la mucho más interesante Locke, pincha aquí con Serenity, una insulsa e involuntariamente ridícula historia con un guion lleno de agujeros, que tiene menos sentido a medida que va avanzando la trama, haciéndose con una carga de incoherencias cada vez mayor, y que cuenta con unas interpretaciones forzadas y caricaturescas (quizás Diane Lane sea la única a la que se podría salvar, a pesar de que su personaje no aporta absolutamente nada al relato), y en la que el único divertimento es encontrar guiños (involuntarios, seguramente) como ese afán obsesivo del protagonista por capturar a un gran pez al que todos persiguen, que recuerda a aquel capítulo de Los Simpsons en el que Homer ‘casi’ captura a un sirulo gigante.

Más críticas en http://happyphantomblog.wordpress.co

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