Los orígenes de la calle de la Romera se encuentran en los primeros años del siglo XVII, siendo el primer tramo (el comprendido entre las calles Canónigo y Manuel de Falla) el más antiguo de los dos que conforman esta vía. Su nacimiento está estrechamente ligado al crecimiento demográfico que experimentó nuestra villa en aquellas fechas.

Y aunque hasta bien entrado el siglo XIX tuvo la consideración de una simple callejuela, pronto apareció en los padrones de vecinos de la villa. El de 1631, confeccionado con motivo de la venta de Dos-Hermanas al duque de Alcalá, fue el primero que recogió esta vía. Para entonces, poseía 18 casas y 74 vecinos, siendo todos ellos humildes jornaleros.

En el primer tercio del siglo XVIII, se construyó en los inicios de la calle la hacienda del Lanero, cuyo mirador, es uno de los elementos más destacados de la calle Romera. A lo largo de aquella centuria y a principios de la siguiente, el crecimiento de la calle quedó en cierto modo estancado. De esta manera, en el padrón de la Contribución Territorial de 1819 se apunta la existencia de tan sólo 19 casas.

Crecimiento demográfico

Sin embargo, el fuerte crecimiento demográfico experimentado por Dos-Hermanas a partir de la llegada del ferrocarril y la apertura de los primeros almacenes de aceitunas y de la fábrica de tejidos de yute, favoreció la construcción de nuevas viviendas en esta vía. Así, en el padrón parroquial de 1892 aparecen recogidos 190 habitantes y 52 casas.

Para entonces, la calle de la Romera presentaba un lamentable estado al ser terriza y las autoridades locales apenas le prestaban atención. De hecho, no se vio beneficiada cuando se instaló el alumbrado público eléctrico en la villa en 1903.

Tampoco en esos inicios del siglo XX era una calle comercial. Los primeros negocios en esta vía abrieron sus puertas a partir de la década de 1920. De todos ellos destacaremos tres: la carbonería que en 1946 tenía José Crespo Romero, la Cooperativa de Obreros Panaderos La Emancipación, constituida en mayo de 1934 y muy bien estudiada por Manuel Espada en la Revista de Feria de 2002, y la imprenta Rublán, propiedad de Miguel Rubio Terrero, que estuvo ubicada en el número 7 de esta calle.

A lo largo de los años, la calle de la Romera ha formado parte del itinerario de numerosas cofradías (como Santo Entierro o la Borriquita) y de la cabalgata de Reyes Magos, y muy recientemente se han llevado a cabo ciertas obras que le han dado su actual aspecto. Por un lado, en 2013 se procedió a la peatonalización del primer tramo, y, por otro, en 2017-2018 se hicieron obras de acondicionamiento y pavimentación en el segundo.

¿Qué nombres tuvo?

Al poco de aparecer esta histórica calle, los vecinos de la villa comenzaron a nombrarla callejuela de Juan Romero, por la casa que allí tenía este nazareno. Pero sería su esposa, Leonor Rodríguez, apodada ‘la Romera’ (era común que la esposa fuese conocida con un apodo derivado del apellido del marido) la que daría el nombre tradicional a la calle tiempo después. Y así, con la denominación de callejuela o calle de la Romera prosiguió a lo largo de los siglos XVIII y XIX, hasta que, en 1900, la corporación municipal, en manos, recordemos, de la coalición conservadora-tradicionalista, decide bautizarla como calle Morillo Vidal, en recuerdo del presbítero José María Morillo Vidal (1788-1866), cura beneficiado y servidor de la parroquia de Santa María Magdalena entre 1836 y 1866, y muy querido en el pueblo. Con tal nombre estuvo hasta que en 1937 se dio un nuevo cambio. En esa fecha, el consistorio decidió ponerle el nombre de Pedro Parias, en honor del entonces gobernador civil de Sevilla, Pedro Parias González (1876-1938).

Bajo el mandato de Manuel Benítez Rufo [1979-1983], se resolvió devolver a esta vía su primitiva y tradicional denominación, por lo que en 1980 pasó a ser llamada Romera, nombre que aún sigue manteniendo. Por otra parte, existe un documento notarial de junio de 1889 que dice que esta calle se denominó callejón de Pini, en clara referencia a la antigua hacienda del Lanero o de Peni (Pini en el habla popular). Sin embargo, no hemos encontrado ningún documento más que asevere aquella afirmación.

La hacienda del Lanero o de Peni

En buena parte de la acera izquierda de esta calle se alzó una importante y desconocida hacienda, llamada del Lanero o de Peni. Esta segunda denominación procede del apellido del primer propietario del que se tiene constancia documental: Francisco del Campo y Penín del Pozo (1658-1728). De esta hacienda sólo se conserva la torre-mirador, construida en 1732, y ubicada en la esquina con la actual plaza del Emigrante. Ya en los inicios del siglo XIX se producía en la bodega de esta hacienda un vino dulce conocido por el pueblo como Sangre de Cristo. Un vino que tuvo gran predicamento en nuestra entonces villa. En los años 70, gran parte de la hacienda (la torre-molino, portada principal…) cayó irremediablemente víctima de la piqueta, salvándose, por fortuna, el mirador.

SABÍAS QUÉ… El 30 de junio de 1915, visitó Dos-Hermanas el Capitán General de la Región, teniente General Ximénez de Sandoval. El alcalde no pudo recibirlo porque se encontraba en ese momento en Sevilla. El militar hizo patente “la grata impresión que le causaba la cultura del vecindario, lo bello de la población, la limpieza de sus calles y el estado sanitario del que se informó cumplidamente”. Dos-Hermanas era el primer pueblo de la Región Militar que visitaba.

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