LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE

Al igual que hiciera en su primera y anterior película, el realizador chino Bi Gan, en este su segundo trabajo, Largo viaje hacia la noche, sitúa la acción en su ciudad natal Kaili. Allí regresa el protagonista, Luo Hongwu, después de muchos años fuera de ella. Y lo hace para buscar a la mujer que años atrás amó y a la que no ha podido olvidar, y de la que lo poco que recuerda es que ella dijo que se llamaba Wan Qiwen

Avalada por la mayor parte de la crítica como una obra maestra indiscutible, la película es un viaje hermosísimo estéticamente, en el que la lógica argumental es casi nula, deconstruyendo una historia donde las diversas líneas temporales se funden con los recuerdos, con los sueños, con las historias que se cuentan de otros… Narrada por el protagonista por medio de una hipnótica voz en off, la película es seductora, sí, a pesar de que en muchos momentos es difícil de comprender, de entender lo que nos están contando, a quién estamos viendo, dónde y cuándo estamos situados, y solo podemos (aunque no es poco) dejarnos llevar.

Frases que ayudan a ver la luz

En este sentido, hay frases que se pronuncian y que ayudan a ver la luz en la oscuridad de la noche a la que alude el mismo título. “Cada vez que la veía, sabía que estaba soñando otra vez”, nos dice Luo, dando evidencias de lo onírico que vamos a ver a partir de entonces. Aún más, la frase (grande) “La diferencia entre el cine y los recuerdos es que las películas son falsas” nos ayuda a comprender la segunda mitad de esta Largo viaje hacia la noche, que es, además, su punto fuerte.

Tras deambular por su vieja ciudad, en la búsqueda de su viejo amor, el protagonista acaba en una pequeña sala de cine; es entonces cuando aparece el título de la película (llevamos ya casi hora y media introducidos en este mundo), y a partir de ahí, el prodigio, casi el milagro: un plano secuencia de una hora (rodado en un 3D, muy difícil de ver en nuestro país -apenas hay salas que lo proyecten así-, y quizás algo alargado sin necesidad), en el que la cámara se mueve por un decorado ingente con total libertad, siguiendo al protagonista a través de sus recuerdos, de su subconsciente, porque (recordemos la frase) todo lo que vemos es falso.

Película sensorial, repleta de simbolismo, con una detallista fotografía y una planificación soberbia, más pendiente de las emociones que de la lógica argumental, donde Bi Gan se sumerge en la (i)lógica del sueño, completamente introspectiva, de atmósfera onírica, y una belleza que roza lo sublime, pero en la que no es difícil desconectar en algunos momentos.

Más críticas en: https://happyphantomblog.wordpress.com.

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