En torno a 1625, Dos-Hermanas vio nacer a uno de sus hijos más preclaros e ilustres: el médico Lázaro de Flores, autor del primer libro científico escrito en la isla de Cuba, titulado «El Arte de Navegar». Sin embargo, a pesar de la importancia que tuvo este personaje nazareno en el siglo XVII, apenas se sabe de la familia de Lázaro de Flores de Dos-Hermanas. Por lo que, a lo largo de este breve artículo, intentaremos aportar algunos datos sobre ella.

El primer miembro de la familia de Lázaro de Flores del que tenemos constancia documental es de Lázaro de Flores ‘El Viejo’ (apodado así para diferenciarlo de su hijo del mismo nombre), que se instaló en Dos-Hermanas en los primeros años de la década de 1580. Nada se sabe por el momento sobre su procedencia y oficio. Sólo sabemos que, en marzo de 1585, el nazareno Diego Ruiz le arrienda unas casas con tres aposentos y cubiertas de bayunco por dos años y 13 ducados de renta anual. La vivienda se encontraba en la plaza pública (actuales Jardines) y lindaban «con casas del concejo desta villa». Y en ese mismo mes, este Lázaro de Flores «el Viejo» se obligó a pagar al pósito de la villa la cantidad de cuatro ducados.

Flores ‘El Viejo’ contrajo matrimonio con su pariente Catalina de Flores, con quien tuvo, al menos que sepamos, tres hijos: Lázaro, Catalina y Silvestre de Flores, padre, precisamente, de nuestro ilustre médico. Del primero sólo sabemos que en septiembre de 1624 vendió a su madre por 500 reales un cuerpo de casa sin salida a la calle con medio pozo en la calle Alcoba. De Catalina de Flores apenas tenemos noticias, no así de Silvestre de Flores, que en 1616 casó con Isabel Navarro y fueron padres de nueve hijos. Según el padrón de 1631, confeccionado con motivo de la venta de Dos-Hermanas al duque de Alcalá, este matrimonio residía en la referida calle Alcoba.

Datos del testamento

Siguiendo con la Familia de Lázaro de Flores, de Silvestre tenemos algunos datos más, la mayor parte de los cuales proceden de su testamento, otorgado ante el escribano público Luis Cornejo el 26 de septiembre de 1644. Sabemos que fue de oficio herrador, gracias a una cláusula del testamento de Pedro Román (de 1623), lo que le permitió tener un cierto estatus social, dado que los herradores en aquel siglo XVII gozaban de buenos ingresos. En su citado testamento, Silvestre mandó ser enterrado en la parroquia de Santa María Magdalena, en la sepultura que allí poseía (otra prueba de su buen estatus social) junto al coro, y que se dijesen por su alma hasta treinta misas rezadas.

Entre los donativos que dejaba estipulado, destacan los cuatro reales para la cera del Santísimo Sacramento y el real destinado a la fábrica de la parroquia nazarena. Nombró herederos a sus ocho hijos sobrevivientes (Luisa, Lázaro, Catalina, Silvestre, Salvador, Josefa, Isabel y Felipe de Flores), y albaceas testamentarios a su esposa Isabel Navarro y a Andrés García. Al mismo tiempo, nombraba a su mujer curadora y tutora de sus hijos menores de veinticinco años (todos, salvo Luisa, casada en ese momento).

Por cierto, en este testamento se anota que el que sería médico Lázaro de Flores tenía diecinueve años, por lo que habría nacido en 1625. Dicho dato vendría a confirmar una de las fechas que en su momento aportó el profesor López Sánchez (1625 y 1626) como posibles años de nacimiento de Lázaro de Flores. Por otra parte, gracias al su testamento, sabemos que Silvestre no sabía escribir, al contrario que su padre, Lázaro de Flores «el Viejo», que sí sabía.

En cuanto a los hermanos de Lázaro de Flores, contrajeron matrimonio (al menos que sepamos) Luisa, Silvestre y Josefa. La primera, con Simón López, entregándole sus padres en concepto de dote 300 reales, una cantidad nada despreciable. Silvestre de Flores, por su parte, casó en 1651 con María de Vera y fueron padres de otro Lázaro de Flores, nacido en 1652. Por último, Josefa de Flores casaría en ese mismo año de 1651 con Francisco Rodríguez, natural de esta villa.

Hasta aquí lo que hemos podido averiguar sobre esta familia nazarena del siglo XVII.

Lázaro de Flores, el único médico de la isla de Cuba

Nacido con toda probabilidad en 1625, era el cuarto hijo de Silvestre de Flores e Isabel Navarro. Poco después de la muerte de su padre, marchó a Sevilla, donde en abril de 1647 es recibido como bachiller en Medicina. Obtuvo los grados de licenciado y doctor en Medicina en noviembre y diciembre de 1650 respectivamente. No debió pasar mucho tiempo cuando decidió embarcar en el puerto de Sevilla rumbo a las Indias.

En septiembre de 1651, presenta sus títulos ante el cabildo de La Habana. Al año siguiente, casó con Juana Esquivel, con quien tuvo tres hijos: Lázaro, que fallecería sin descendencia, José y Juan de Flores, ambos religiosos. Fue médico del hospital de San Juan de Dios, siendo, además, el único médico que como tal ejerció en La Habana entre 1664 y 1673.

Fue en ese período (concretamente hacia 1663-1672), cuando escribió su libro «El Arte de Navegar», publicado en Madrid el mismo año de su muerte, 1673. Fue enterrado en el convento de San Agustín de la capital cubana. En noviembre de 2004, se colocó una placa en su honor en el Museo Nacional de Historia de las Ciencias de La Habana, donada por el consistorio nazareno.

SABÍAS QUE… Antes de que en 1631 el III duque de Alcalá comprase la jurisdicción de Dos-Hermanas, hubo otro intento de compra. La llevó a cabo, precisamente, el abuelo del anterior, Per Afán de Ribera y Portocarrero, primer duque de Alcalá, entre 1562 y 1564. Este noble sevillano poseía propiedades en el término de Dos-Hermanas, destacando la hacienda de Quintos. No obstante, pasaba largas temporadas en otra de sus propiedades nazarenas: la heredad de Villanueva del Pítamo.

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