Qué solita me he quedao. Qué solita me he quedao. Solo me queda la añoranza y el recuerdo de tantos y tantos carruajes que las sombras de mi arco han besao.

Cuantos labriegos con sus burros cargaos, con las mieses recogidas de estos hermosos campos.

¡Hay! Doña María que fuiste la joya de Andalucía, ya solo nos queda el progreso que nos arranca, nos separa, ni siquiera nuestros hermosos caminos que como un lazo nos abrazaba. Recuerdo un amigo que por mi arco pasaba: hola Manuel ¿a dónde caminas?, pues ya ve, a pintar a mi novia bonita Doña María. Suerte y al toro.

Cuantos recuerdos y qué solita me he quedao, solo me queda la compañía del piar de los gorriones y el dormitar del mochuelo y ya ni eso, maldito progreso.

Termino diciendo: cuando dormito bajo la noche estrellada y los rayos de la luna me acarician y besan a mi alma, consuela, pues me hace olvidar por un momento lo que hace el hombre con la tierra.

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