Entro para ver mi última exposición de las Haciendas de Olivar. Alguien se me acerca y me dice: ¿sabes la noticia?, me enseña el móvil y me dice: mira Ibarburu está ardiendo. Me planto delante del hermoso patio de Ibarburu, mi hacienda favorita, la más emblemática de Andalucía y me quedo mudo, sin palabras, sin lágrimas, pues mi alma reseca por el dolor no alcanza comprender. Solo el zarpazo se lo lleva mi corazón.

Gracia me hace, con jactancia me dicen que en Andalucía tenemos mucha cultura, no lo niego, pero por experiencia ocurren cosas que no encajan, por más de 50 años he puesto a prueba a muchísimas personas con la pregunta, ¿sabe usted lo que es una Hacienda de Olivar? Y me quedo con la boca abierta, no lo saben, pero allá va Manuel a repetir una y otra vez su historia.

Las Haciendas de Olivar son arquitecturas sevillanas del S. XVII, en otra palabras, ¡Qué había en Dos Hermanas hace ya 300 años!, ya se lo pueden imaginar, pues precisamente gracias a las haciendas que son raíces de Andalucía se descolgaron pueblos y pueblos a trabajar a la sombra de las haciendas y producir la mejor aceituna del mundo, que después miles y miles de mujeres trabajaron en los almacenes León y Cos, la Lagunilla, Lisen, Don Armando Soto…

Volviendo a las haciendas llevo 50 años pintándolas entre ellas Ibarburu, Los Molinos de Maestre, la Florida, el Rosario, San Miguel de Monte Lirio, Torre Doña María, Bujalmoro… reconociendo el valor de patrimonio desde mi humilde punto de vista.

Ruego a quienes tengan la obligación de mantenerlas, que hagan un esfuerzo. Pues Dos Hermanas es una gran ciudad y no quiero que olviden que las haciendas son sus raíces, por favor, pensad por un momento en Ibarburu. Cuando hablo de las haciendas con personas de mi pueblo no sé por qué todas me preguntan, ¿has pintado Ibarburu?, les contesto muchas veces: como una abuelita la he visto envejecer.

Joaquín de Jili, el casero, estuvo 35 años y me contaba que desconchón a desconchón, iba a por los polvos rojos como sangre de toro y luego le lavaba la cara. Mi pregunta es, ¿se merecía esta abuelita que la olvidaran y que los crudos inviernos las desgarraran y al final y sin piedad la quemaran?

Me hacen una pregunta, ¡si solo es una casona vieja! me contesta el progreso con su corazón de hierro, y yo te digo pregúntale a tu tatarabuelo, pregúntale a tu bisabuelo, pregúntale a tu abuelo, pregúntale a tu padre, ¿sabes lo que te contestarían?, bendita, bendita aceituna, bendito el aceite, bendito el pan de cada día que me dan las Haciendas de Olivar arquitectura del s. XVII.

Descansa en paz Ibarburu que este mundo no te merece, desde mi humilde punto de vista de pintor y poeta escribiré y pintaré hasta mi último aliento para defender la riqueza y la cultura de las Haciendas de Olivar. Este es mi granito de arena.

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