Aunque la amenaza de lluvia siempre estuvo presente en la recta final de la Semana Santa, la jornada del Sábado Santo fue más apacible que su predecesora. El riesgo de chubascos era menor y la Hermandad del Santo Entierro pudo ponerse en la calle para rendir culto al Santo Cristo Yacente y a la Virgen de la Soledad.

Una jornada de tradiciones y clasicismo, en la que todo está medido, desde el rechinar de la puerta de la parroquia mayor cuando se abre al público al último acorde de la Banda del Maestro Tejera cuando el palio de cajón negro se posa sobre el suelo. Nada queda al azar para enterrar el cuerpo de Cristo.

Contemplar la cofradía del Santo Entierro por las calles de Dos Hermanas es una cita clásica que nadie quiere perderse. Los sones fúnebres del muñidor son los encargados de cortar el ambiente, de anunciar que, aunque en Semana Santa, la ciudad está de luto. Y así lo corroboran los negros nazarenos de cola que acompañan su cortejo.

Una comitiva llena de detalles, a los que hay que estar pendientes para que no se escapen. Como la presencia de las Virtudes Teologales, con los símbolos de la Pasión o la representación en su cortejo de las autoridades civiles, con presencia de concejales del Ayuntamiento, y militares, con los cuerpos de la Policía Local y Nacional. Además de una representación del Consejo de Hermandades y Cofradías de la ciudad.

Andar presto, pero con pausa, para el paso de la urna, decorado con lirios morados, así como para el palio de la Soledad, la Dolorosa más antigua que procesiona en la Semana Santa Nazarena, con su sobrio exorno de claveles blancos, con esas formas cónicas tan características del Sábado Santo. Como también ya es toda una tradición de esta jornada la saeta que el cantante nazareno Manuel Lombo dedica a la Virgen de luto. En esta ocasión en la calle Manuel de Falla.

Publicidad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here