La Semana Santa es una fiesta de una marcada simbología, plena de detalles y matices que hacen más rica la contemplación de sus procesiones. Algo que quedó más que patente el pasado Domingo de Ramos. Jornada triunfal y de estreno de esta Semana Mayor en la que procesionaron por las calles de Dos Hermanas, bajo un clima casi veraniego, las cofradías de La Estrella y Cautivo.

Desde Santa María Magdalena se abrían las puertas, un año más, a la Semana Santa con la presencia de los nazarenos blancos de La Borriquita. Jornada de estreno musical, la de Rey de Jerusalén, marcha de José M. Mena al Cristo de la Sagrada Entrada, y de aniversario, por los 50 años de la A.M. Ntra. Sra. de la Estrella.

Bajo palio, la Virgen de la Estrella, con luto por el fallecimiento de Juan Martín Íñigo, y con dos cirios votivos en su candelería: uno dedicado a la Hermandad de Vera-Cruz, por su 475 aniversario, y otro a los donantes de órganos.

Media hora más tarde ponía su Cruz de Guía en la calle el cortejo de Jesús Cautivo y María Santísima de la Esperanza. Cruz de Guía antigua, la de Manuel Cerquera, autor del paso de Cristo, que se recuperaba este Domingo de Ramos por el 80 aniversario de la corporación de la Barriada del Rocío.

El paso del Señor Cautivo llevaba por primera vez las reliquias entronizadas de San Juan de Mata, fundador de la orden Trinitaria. Y en el llamador, un lazo rojo, dedicado a los cristianos perseguidos del mundo. En su palio bordado, la Virgen de la Esperanza también llevaba un cirio votivo en su candelería, con el lema ‘Respira Esperanza’, dedicado a los enfermos de fibrosis quística.

El calor hizo estragos en el cortejo, con varios episodios de lipotimias, que retrasó su llegada al centro. Durante su recorrido fueron varias las petaladas recibidas por la Dolorosa, como la que le dedicó el Grupo Joven en la calle Santa María Magdalena.

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