Pasión según San Lucas

CASI DOS DÉCADAS estuvo prohibida la película «Senderos de gloria» en la muy republicana y democrática Francia, donde se sitúa la acción. La crítica de Kubrick a todo ejército, personalizado en el francés, fue la causa de tan prolongada censura. «Los senderos de la gloria no conducen sino a la tumba»; conducen a la tumba a los pobres y a los que no detentan poder, habría que decir con Thomas Gray, el poeta inglés del XVIII que terminaba con este verso uno de sus poemas.

Ya desde el inicio de su misión, cuando Satán lo estuvo tentando en el desierto, Jesús había comprendido que los caminos de la gloria y del poder solo se recorren pisando la vida y la dignidad de los pobres. Su decisión fue la contraria. El camino que asumió en su misión fue justo el contrario: ningún sendero de gloria, sino la pobreza, la compasión, la libertad ante todo poder y, por consiguiente, la entrega de su propia vida.

Nos acercamos a la Semana Santa; este domingo se inicia con la austera e impresionante lectura de la Pasión; en la que el testimonio de Cristo nos insta a todos los creyentes a abandonar los «senderos de gloria» que hayamos pensado para nuestra vida, y reconvertirlos en «senderos de servicio». Un servicio que, en algunas circunstancias, lleva a la entrega de la propia vida; que, entonces, se convierte en testimonio callado y elocuente de fe cristiana: testimonio martirial de fe confesante de los cristianos de Pakistán, de China o de Sudán; testimonio martirial de fe compasiva y solidaria, como la de los religiosos Miguel, Manuel, Juliana o Chantal, que entregaron su vida cuidando a los enfermos de ébola.

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