El Pregón de la Semana Santa de Ana López Jurado ha sido una lección de liturgia y de cristianismo que trasladó al público del teatro municipal este domingo a la Jerusalén de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Sobre todo a esta última, la resurrección del Señor, muy presente en todo momento en la disertación de esta doctora nazarena, con la que quiso abrir y, también, cerrar su pregón. Lo hizo en un principio hablando del “silencio y la oscuridad” para concluir con un “amén y aleluya“, tras más de una hora de pregón. Y es que su intención era la de compartir la idea de que para los católicos no hay muerte sin resurrección, ni resurrección sin dolor, pasión y muerte.

El pregón lo habría, como ya es tradicional, la marcha Amarguras, de Font de Anta, interpretada por la Banda Municipal de Santa Ana. Lo hacía antes de dar paso a Francisco Rivero López, sobrino de Ana López y persona encargada de su presentación. Lo hizo con una presentación que recibió la primera ovación de la tarde y que quiso mostrar “el lado más íntimo y personal” de la pregonera, los rasgos que más iban a destacar en su pregón.

Francisco definió a Ana “como una mujer de su pueblo y que ha puesto su vida al servicio de los demás”. Tras hacer un repaso a sus devociones, se refirió a ella como “una persona más católica y cristiana que cofrade“, como dejó patente en un pregón diferente a lo habitual, en el que las cofradías, propiamente dichas, apenas tuvieron protagonismo.

Tras la marcha Triunfal, de Emilio Cebrián, Ana López Jurado comenzó con su pregón, un texto en prosa, con algún matiz poético, que contenía alguna mención especial a poesías y versos de la Liturgia de las Horas. El pregón estuvo estructurado en tres partes: presentación y agradecimiento, En la memoria, así como Pasión, muerte y resurrección.

En la primera parte, Ana aprovechó los agradecimientos para poner en relieve a las personas más importantes de su vida, su familia y círculo más cercano, a los que fue desgranando con una minuciosa presentación. Y es que, como ella misma aclaró, “en este pregón sólo le pongo voz y me hago eco a la palabra de mi familia de sangre y amigos, basada en la fe en Cristo Resucitado”.

En la memoria, segunda parte de su pregón, Ana se convirtió en una magistral cronista de la Semana Santa de su infancia, la de las ausencias de su padre por motivos laborales, las de su interés por ordenar los pasos de las cofradías por orden cronológico o las de su primer encuentro con el Cristo del Gran Poder.

Fue en esta parte de su disertación en la que la pregonera hizo un repaso de la Semana Santa de la ciudad, con el pasado y el presente de la misma, las hermandades. Sin olvidarse del futuro, el de las asociaciones y agrupaciones parroquiales.

En la última parte del pregón, Ana se metió en la piel de Esther, una discípula de Jesús, para narrar su Pasión, Muerte y Resurrección, en una crónica evangélica inigualable. Una completa narración que se convirtió en todo un auténtico ejercicio de catequesis cristiana que Ana presentó al público, desde su atril, sin aspavientos ni excesivas subidas de tono.

Un texto que invitó a la reflexión, meditación y vivencia de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. En la que no pudo faltar la Buena Nueva del Evangelio: la Resurrección del Señor.

Tras el pregón Ana López Jurado recibió del presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, Juan José Muñoz, un cuadro con un diploma ilustrado con la imagen de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder. Fue tras recibir la ovación del público sobre un escenario presidido por la Cruz de Guía de la Hermandad de la Estrella y los faroles de la Hermandad Sacramental.

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