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Precisamente hoy, 20 de marzo, la hermandad Sacramental de la Santa Vera-Cruz de Dos-Hermanas cumple 475 años, una efeméride que no podemos (ni debemos) pasar por alto. A lo largo de su ya dilatada Historia, la corporación del Jueves Santo ha conocido etapas de esplendor y épocas de verdadera postración, siendo reorganizada en alguna que otra ocasión (como ocurrió, por ejemplo, en 1845). Pero dado el acontecimiento que celebramos en esta jornada, hablaremos, brevemente, de su fundación.

La devoción a la Santa Cruz de Jesucristo comenzó a tomar fuerza en Dos-Hermanas a principios de la década de 1540, cuando nuestro entonces lugar estaba consolidándose, de manera definitiva, como población. De todos es bien sabido que fueron los franciscanos los principales impulsores y propagadores de aquella devoción, y más de un autor ha apuntado (sin prueba documental alguna, todo hay que decirlo) que fueron frailes del convento franciscano de Alcalá de Guadaíra o del convento de San Diego de Sevilla, los que fomentaron la devoción a la Santa Cruz en Dos-Hermanas y la posterior fundación de la cofradía que nos ocupa.

Lo que sí es cierto es que hemos podido saber, gracias a algunos documentos notariales, que en 1542 estaban predicando en Dos-Hermanas dos frailes franciscanos: fray Pedro de Torres y fray Alonso de Cabezuela. Con toda seguridad, fueron ellos los que impulsaron la devoción a la Santa Cruz, devoción que dos años más tarde se materializó en la fundación de una nueva cofradía: “la Hermandad y Cofradía de la Sancta Vera-Cruz deste lugar”. ¿Quiénes fueron los fundadores? Por desgracia, no tenemos sus nombres, pero debieron ser ‘hombres buenos’ del lugar, esto es, labradores, fruteros y hortelanos, en definitiva, personas de cierta capacidad económica.

Los primeros cofrades de la Vera-Cruz

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Si bien no tenemos los nombres de los hermanos fundadores, sí tenemos, en cambio, una nómina de hermanos, fechada en agosto de 1553. Formaban parte de esta cofradía en ese año: Juan López Ponce, Juan Chamorro, Cristóbal Díaz, Juan de Portillo, Juan del Río, Francisco Ximénez, Andrés de Brenes, Juan de Brenes, Juan Rodríguez Garañón, Alonso Mateos el Viejo, Diego López, Diego Ximénez, Bartolomé Sánchez Aparicio, Bartolomé Sánchez de Violante, Juan Barreno, Salvador Martín, Gregorio Muñoz, Lorenzo Vázquez, Bartolomé Mateos el Mozo, Juan López de Mérida, Pantaleón Díaz, Alonso Bermúdez, Pedro Gil, Francisco Barreno, Francisco Ruiz, Francisco Núñez Molino, Luis de Aguilar, Lorenzo Rodríguez, Bartolomé Sánchez, Gonzalo Sánchez, Francisco Barbero, Hernando de Villada, Andrés Martín, Pedro Hernández Galindo, Gaspar Díaz, Pedro de Argüelles, Juan del Olmo, Alonso Castaño, Tomé Sánchez, Andrés Sánchez, Diego Sánchez, Luis Márquez, Juan Sánchez Prieto, Juan Ruiz Rabadán, Baltasar Morillo, Andrés Gutiérrez, Francisco del Hierro, Juan Ramos, Francisco Romano, Bartolomé González, Francisco García Guadalupe, Diego Felipe, Diego Martín, Bartolomé Martín, Alonso Muñoz, Bartolomé García Ollero, Francisco Gutiérrez, Francisco Barbero, Hernán García y el hidalgo de origen sevillano Pedro de Poza.

La hermandad de la Vera-Cruz (como la de Santa Ana) admitió a las mujeres (llamadas entonces ‘cofradas’) desde un principio. De esta forma, sabemos que en 1555 pertenecían a esta corporación Catalina Martín ‘la Montera’ y Gracia Rodríguez. Ellas son, las primeras hermanas de la cofradía de las que tenemos noticias.

Muchos de esos fundadores serían, además, hermanos de la cofradía de Señora Santa Ana. Posiblemente, esa sería la razón principal por la que la nueva hermandad quedó establecida en la ermita de la Patrona y no en la iglesia de Santa María Magdalena. En este templo permanecerá la cofradía hasta que en noviembre de 1567 se bendijera, a las afueras de la población, en lo que posteriormente se conoció como el ruedo de San Sebastián.

Las Reglas de la cofradía quedaron constituidas el 20 de marzo de 1544 (hace exactamente 475 años), siendo uno de los documentos más antiguos conservados en nuestra localidad. Sin embargo, la aprobación eclesiástica de las mismas no vendría hasta 1554, justo diez años después. Fue el provisor y vicario general del Arzobispado de Sevilla, don Gaspar Cervantes de Gaete (pariente, por cierto, del célebre escritor Miguel de Cervantes) quien las aprobó.

En la segunda mitad de la década de 1540, la devoción a la Vera-Cruz continuó estando presente en la vida de los nazarenos, como se refleja, por ejemplo, en el testamento de Pedro Martín Arguijuela, de 6 de abril de 1546, donde este nazareno ordena que “me digan por mi ánima cinco misas a la Vera-Cruz, porque Dios Nuestro Señor aya mérito de mi ánima”. Y dos años más tarde, se recoge la primera donación a favor de la cofradía. Fue Ana Hernández, ama del destacado caballero sevillano Hernando Díaz de Ayala, quien, en su testamento de 6 de noviembre de 1548, mandó dar “a la cofradía de la Vera Cruz deste dicho lugar dos ducados para ayuda a mercar cera o lo que fuere necesario para la dicha cofradía, mando que se paguen de mis bienes”.

De esta manera, comenzaba su andadura una corporación que pronto tuvo que hacer frente a numerosos inconvenientes y adversidades.

¿SABÍAS QUE…? El periódico sevillano La Unión, dijo esto sobre la hermandad de la Vera-Cruz de Dos-Hermanas, en abril de 1925: “Esta hermandad, cuya fundación data de cerca de cuatro siglos, fue fundada en el año 1530 por el excelentísimo marqués de la Mina, siendo la característica principal de esta hermandad, a más de su antigüedad, la pobreza con que hasta aquí ha venido desenvolviéndose, por la cual es conocida por la de los Pobres”. Curiosamente, ni fue fundada en 1530, ni en su constitución participó el marqués de la Mina, pues, entre otras cosas, ese título de Castilla fue creado en 1681 por Carlos II ‘el Hechizado’.

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