Decir que Vincent Van Gogh es uno de los artistas más influyentes en la historia del arte es un hecho incuestionable. Han sido (y serán) numerosos los libros y películas que estudian y narran su vida y su obra adelantada a su tiempo, que le llevó a ser prácticamente un paria, un ignorado en la época que le tocó vivir.

En esta ocasión es Julian Schnabel, pintor que cambió los pinceles por la cámara, el que se ha sentido atraído por este genio incomprendido, y su vida tormentosa y atormentada marcada por la enfermedad mental. Y no es extraño que sea precisamente Schnabel quien se haya sentido atraído por la persona y el personaje de Van Gogh. En su carrera como director es tema recurrente el contar las vidas de diversos creadores, como vimos en Basquiat, Antes que anochezca (que le dio a Javier Bardem su primera nominación a los Oscar), o La escafandra y la mariposa.

Suiza-Irlanda-Reino Unido-Francia-Estados Unidos, 2018 (111′)
Título original: At eternity’s gate.
Dirección: Julian Schnabel.
Producción: Jon Kilik.
Guión: Jean-Claude Carrière, Julian Schnabel, Louise Kugelberg.
Fotografía: Benoît Delhomme.
Música: Tatiana Lisovskaya.
Montaje: Louise Kugelberg, Jullian Schnabel.
Intérpretes: Willem Dafoe (Vincent Van Gogh), Rupert Friend (Theo Van Gogh), Oscar Isaac (Paul Gauguin), Mads Mikkelsen (Sacerdote), Mathieu Amalric (Doctor Paul Gachet), Emmanuelle Seigner (Madame Ginoux), Niels Arestrup (Loco), Anne Consingy (Profesora), Amira Casar (Johanna Van Gogh), Vincent Perez (Director)..

A las puertas de la eternidad se centra en los últimos años del pintor, en los que se trasladó a Arlés en busca de una nueva luz, y donde centró su obra en la naturaleza. En muchos momentos vemos su mirada subjetiva, compartimos la distorsión de su mirada, sus delirios. La película indaga en la realidad imaginada del pintor, el mundo que veían sus ojos, los hechos que no sabía si eran reales o no.

Pero si visualmente Van Gogh, a las puertas de la eternidad logra meternos en el sufrimiento y frustración del artista, sobre todo gracias al gran trabajo de Willem Dafoe, muy convincente en su papel (a pesar de que la diferencia de edad es más que considerable: Van Gogh murió con 37 años, y el actor está ya en los 63), por el que se llevó su cuarta nominación al Oscar, en lo argumental aporta poca novedad respecto a lo ya visto en otras cintas. Nada nuevo pues en una historia que no logra emocionar ni meterse en la mente del genio. Por mucho que Dafoe, que incluso tomó clases de pintura para hacer más verosímil su labor pictórica, lo intente.

Más críticas en happyphantomblog.wordpress.com.

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