Los orígenes de esta céntrica calle nazarena se encuentran en los inicios del siglo XVII, cuando debido al crecimiento demográfico que experimenta la villa, se hace necesario urbanizar lo que quedaba de un antiguo olivar.
La primera vez que se recoge a esta vía en un padrón de vecinos es en el que se confeccionó en 1631 con motivo de la venta de Dos-Hermanas al duque de Alcalá, que ya tantas veces hemos mencionado. Según se dice en este padrón, poseía en aquel momento 22 casas, dos haciendas y bodegas y cuatro casas de vecinos, residiendo en dicha vía 103 nazarenos y dos vecinos de Sevilla.

A finales de aquella centuria, el Colegio de San Alberto de Sicilia se hace con la propiedad de una pequeña hacienda (llamada en esas fechas casas de campo) situada en esta calle y en los inicios del XVIII comenzará a ser conocida con el nombre de esa institución sevillana, siendo la escritura de venta de un solar, propiedad de Miguel Macías, y fechado en 12 de septiembre de 1702 uno de los primeros documentos donde aparece el nombre tradicional de esta calle.

A lo largo del Siglo de las Luces decrece el número de casas, y, por tanto, de vecinos, tanto es así que, en el padrón de la Contribución General de 1819, se recoge la existencia de nueve casas y 19 vecinos. Todos ellos eran humildes campesinos que labraban pequeños lotes de tierra, principalmente, melonares.

El siglo XIX, supuso una época de gran crecimiento demográfico, al contrario de lo que ocurrió en el XVIII. Terminó aquella centuria con 53 casas y 208 habitantes.

¿Qué nombres tuvo?
Al poco de aparecer esta calle, tomó el nombre de Atahonas por los hornos de pan que allí se encontraban. Sin embargo, en los inicios del siglo XVIII, pasó a ser conocida como callejuela de San Alberto, por las casas de campo que allí tenía el Colegio de San Alberto de la ciudad de Sevilla.
Con esa denominación estuvo hasta que, en 1934, en pleno período republicano, se decide bautizarla con el nombre de Doctor del Campo, en recuerdo del médico Estanislao del Campo López (1889-1934) “eminente republicano y hombre de gran reputación médica que ha fallecido de la enfermedad que tanto combatió [se refiere a la meningitis tuberculosa] en el ejercicio de su profesión”, según se lee en el acta capitular de 16 de enero de aquel año. Sin embargo, tres años más tarde volvió a ser llamada con su tradicional denominación: San Alberto, manteniéndose en la actualidad.

En ese momento, era, como las demás de la localidad, una calle terriza, con numerosos baches y socavones. Y si bien antes las autoridades habían mirado hacia otro lado a la hora de arreglar los desperfectos de la calle, a fines del XIX dejaron a un lado la indiferencia y decidieron repararlos. De este modo, en 1895 se pagaron 489 pesetas al maestro de obras de la villa, Francisco Hidalgo Carret “por la obra de reparación de la calle San Alberto”. Pero a pesar de esos reparos, que se repetirían en años posteriores, el estado de la calle continuó siendo pésimo.

De ahí que, en noviembre de 1910, siendo alcalde Federico Caro, los vecinos de las calles Segismundo Moret y San Alberto solicitasen al consistorio el adoquinado de ambas vías. Tal petición quedó en suspenso. Se había procedido al adoquinado de buena parte de la calle del Canónigo y las arcas municipales (siempre escasas) no estaban para demasiados gastos.
Hubo que esperar hasta marzo de 1927, bajo el mandato de Joaquín Varo Jiménez, para que se procediera, al fin, al adoquinado de esta tranquila calle.

Vecinos ilustres

Fue su vecino más célebre el político sevillano Fernando González e Ybarra. Hijo de Francisco González Álvarez, alcalde de Sevilla entre 1890 y 1893, y de Ana Ybarra Arregui, sobrina del primer conde de Ybarra, fue el segundo de cuatro hermanos. Casado con doña Amalia de la Vega y González de Rojas (con quien tuvo doce hijos), en 1896 recala y fija su residencia en Dos-Hermanas, en una huerta situada en la calle San Alberto, donde estuvieron las casas de campo del colegio de San Alberto de Sevilla.

A partir de ese momento, comienza a interesarse por los asuntos políticos de la villa y en julio de 1897 ocupa su primer cargo: vocal en la Junta Local de Instrucción Pública, junto a Manuel Valera García. Encuadrado en las filas del partido Conservador de Dos-Hermanas, poco a poco se fue interesando cada vez más por la política local de la villa. Tanto es así que no dudó en ayudar a las clases más necesitadas proporcionándoles trabajo en su finca. Fue elegido concejal en 1901 y a partir de ese momento inició junto a Francisco Valera García una férrea oposición a los carlistas (en el poder desde 1899).

Pero poco tiempo estuvo activo en la política local, pues en la sesión de 4 de marzo de 1903, se dio lectura de un escrito presentado por González e Ybarra en el que solicitaba le fuera admitida su renuncia, lo cual sucedió el día 11 de ese mismo mes. Durante su estancia nazarena perteneció a las hermandades del Santo Entierro y de Nuestra Señora de Valme (1901-1908). Unos años más tarde, en 1908, regresó a la capital hispalense, donde volvería a participar en la política, siendo allí también concejal e, incluso, alcalde accidental en 1915. Finalmente, falleció en la capital hispalense en noviembre de 1958.

¿Sabías que? El ya desaparecido Colegio de San Alberto de Sicilia de la capital hispalense (de la orden carmelita), del que actualmente se conserva su iglesia, estuvo muy vinculado a Dos-Hermanas por varias razones. En primer lugar, por sus propiedades situadas en el término nazareno, entre las que se encontraban, según recoge el Catastro de Ensenada (1751): una casa de campo con bodega y lagar en esta calle San Alberto, un olivar en el pago de Vizcarra y un pinar en el sitio del Pozo Nuevo. Pero también por encontrarse en su iglesia la bóveda de enterramiento de la familia Pedrosa, donde recibieron sepultura don Pedro de Pedrosa y sus descendientes, los marqueses de Dos-Hermanas.

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