La llegada del alumbrado público eléctrico en los primeros años del siglo XX supuso un acontecimiento capital, trascendental en el urbanismo de nuestra ciudad, pues gracias a él Dos-Hermanas entró definitivamente en la era de la modernidad.

En un principio, el alumbrado público en Dos-Hermanas era casi inexistente y se reducía a unos cuantos faroles o candiles colocados en ciertas esquinas o puertas principales de viviendas. Faroles que eran encendidos y apagados por los propios dueños de las casas donde se hallaban, y que a duras penas servían para combatir a las ‘tinieblas’. Hubo que esperar a los años finales del reinado de Isabel II para que hiciese acto de presencia un servicio de alumbrado público, cuyo combustible era lo que se denominaba en la época petróleo. Al principio de cada ejercicio económico salía a subasta el servicio de alumbrado público, pues el consistorio nazareno, falto siempre de fondos, no lo gestionaba directamente. Por tanto, era el rematante el encargado de encender y apagar las distintas farolas de petróleo que se fueron colocando a lo largo de varias calles (no todas) de la villa.

Sin embargo, la situación cambió en 1899, cuando en la sesión de 23 de junio, los capitulares nazarenos, con el alcalde Manuel Rodríguez a la cabeza, acordaron sustituir aquel viejo alumbrado público de petróleo por otro eléctrico (mucho más moderno), nombrándose al ingeniero industrial sevillano Ramón Manjarrés y Pérez de Junguitu encargado del estudio y proyecto de instalación de una fábrica de luz en nuestra localidad. Sería bueno recordar, que, ciertamente, la luz eléctrica llegó a Dos-Hermanas tiempo antes, en 1890, cuando Manuel Alpériz mandó instalar en la fábrica de tejidos de yute dos grandes dinamos. Pero de aquel adelanto, sólo se benefició ese centro fabril y no el resto del pueblo.

El proyecto de alumbrado eléctrico continuó adelante, aunque se vio pronto estancado, principalmente por algunos problemas de carácter político. En abril de 1902, la alcaldía nazarena (ocupada ahora por Fernando Muñoz) recibió un escrito de la Compañía Ibérica de Electricidad Thomson-Houston, en el que proponía la instalación de una central eléctrica o fábrica de luz en Dos-Hermanas. El consistorio no mostró demasiado interés por ese ofrecimiento y continuó con el estudio de Manjarrés, quien en octubre de 1902 pidió a los capitulares nazarenos que fuese considerado concesionario del proyecto Ramón Charlo, en vez de él, petición que fue, finalmente aceptada, y en noviembre de dicho año Charlo propone la instalación de una fábrica de luz, con un coste total en torno a las 249.952,50 pesetas, propuesta que quedó aceptada. En las negociaciones para la instalación de dicha fábrica en Dos-Hermanas jugaría un papel destacado el entonces concejal don Jesús de Grimarest (que formaba parte, también, de la Comisión de Hacienda encargada de supervisar el proyecto).

Fue precisamente él quien el 15 de diciembre de 1902 y ante el notario sevillano José María del Rey Delgado, vendió por 3.036 pesetas a Ramón Charlo Denoyeur, una suerte de olivar llamada de San Sebastián, de 8 aranzadas de extensión y situada al pie de la calle Conde de Ybarra, lindando con la huerta de Carlos Rubio (Venta del Cuerno) y con el cementerio. Es en esa suerte de olivar donde a principios del año siguiente se construyó la fábrica de luz, primera que hubo en Dos-Hermanas.

Ramón Charlo Denoyeur
El dueño de la primera fábrica de luz de Dos-Hermanas nació en la ciudad de Cádiz en 1849, siendo hijo de Pascual Charlo y de Ramona Denoyeur Iglesias, ambos de origen francés. Tuvo nuestro biografiado dos hermanos, Ángela (1835-¿?) y Luis, este último destacado industrial que residió mucho tiempo en Puerto Real. En 1886, vivía en Ronda, donde fue empresario de su histórica plaza de toros, y donde montaría una fábrica de luz. Un año más tarde, se estableció en Sevilla. Casó con Carmen Gómez Alfaro, con quien tuvo cinco hijos: Ramón Charlo Gómez (1872-1925), prestigioso abogado y diputado a Cortes; Servando (1876-1941), clérigo; Carmen (fallecida en 1928); Pascual (1879-1930); y Luis (1886-1930). Por un padrón de vecinos, sabemos que en 1903 vivía en la calle Vinatería, nº 3. Poco tiempo después se trasladó a Cádiz, donde falleció en 1916, aunque sus restos reposan en el cementerio de San Fernando de la capital hispalense, en el panteón que construyera en 1908 el afamado arquitecto Aníbal González.

En la sesión de 11 de febrero de 1903, Grimarest “hizo presente al Cabildo que en plazo breve quedará instalada y en disposición de servir el alumbrado público la fábrica de electricidad que está montando don Ramón Charlo en la población”. En cualquier caso, hubo unos leves retrasos y hasta finales de junio de aquel año no se tuvo listo el pliego de condiciones para contratar mediante subasta el servicio de alumbrado público eléctrico por tiempo de 21 años y 6 meses y precio final de 249.937,50 pesetas, pagaderas por mensualidades vencidas. Su presentación tuvo lugar en la sesión de 26 de junio, y se aprovechó la ocasión para felicitar muy especialmente a don Jesús de Grimarest por las gestiones que privadamente ha practicado “para que el vecindario, en la vía pública, y los particulares en sus casas, puedan disfrutar de los beneficios del alumbrado eléctrico, que además proporciona notable concepto de los progresos de la población”. El arrendamiento del alumbrado quedó rematado en julio de 1903 a favor de Charlo, que en agosto depositó la fianza de 1.145 ptas. que exigía la cláusula 17 del contrato de arrendamiento del alumbrado.

Y, al fin, el 16 de noviembre de 1903, quedó inaugurado el alumbrado público eléctrico. Unas 250 farolas, instaladas en diversas calles de la localidad, dieron luz a Dos-Hermanas. Pero no sólo las calles se vieron beneficiadas con este importante avance, también las casas consistoriales y las viviendas de aquellos nazarenos que podían permitirse esa gran mejora.

El negocio prosperaba y en junio de 1905, Charlo compra al maestro de obras Francisco Hidalgo Oliva un trozo de tierra de 759 metros cuadrados para ampliar la fábrica de luz. El propio Hidalgo Oliva describió la fábrica de esta manera: “Edificio destinado en la actualidad á fábrica de fluido eléctrico, construido en dos lotes de terreno, segregados de la suerte de olivar denominada de San Sebastián, en los ruedos de la villa de Dos-Hermanas […].

Consta dicho edificio de las dependencias siguientes: un vestíbulo con entrada a dos habitaciones a derecha e izquierda, destinadas a escritorio y almacén respectivamente, por el mismo vestíbulo se comunica a una nave central destinada a máquinas; a la derecha de la misma, otra donde se halla instalada una caldera con salida a un patio, donde se encuentran tres habitaciones destinadas a la servidumbre, a la izquierda de la antes mencionada nave central, un colgadizo destinado a depósito de carbón y en la parte posterior de la expresada nave central se halla instalada otra caldera con chimenea, y por la parte opuesta a la misma se da paso a otro patio destinado a jardín donde se halla una habitación y un colgadizo que sirven de depósitos de grasa y madera”. Asimismo, destacaban en su interior las dos grandes máquinas generadoras de electricidad que fueron bautizadas por Charlo con su nombre y el de su esposa: Ramón y Carmen.

La fábrica de luz de Charlo continuó proporcionando electricidad a los nazarenos, pero en enero de 1907, cambió de dueño. En esa fecha, Ramón Charlo Gómez, hijo del propietario de fábrica, comunicó al Ayuntamiento la venta de la misma a la Compañía Sevillana de Electricidad, al frente de la cual estaba Otto Engelhardt (personaje importantísimo en la Historia de Sevilla, a la vez que desconocido). Se abría, de esta forma, una nueva etapa en la Historia de esa recordada fábrica.

¿Sabías que…?
El primer cura de la iglesia de Santa María Magdalena del que se tiene constancia documental fue Vasco Pérez. Ejercía ese ministerio en 1493.

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