Lucas 5, 1-11

QUIEN ENTIENDE DE pesca sabe que cuando el día clarea, y los peces ven la luz del alba, éstos huyen hacia profundidades a las que las redes no alcanzan; si además se ha estado toda la noche pescando y no se ha recogido nada, y se va uno con la barca a lo más profundo del lago, encontrar un banco de peces no es que sea improbable, directamente es imposible. Pero fiados en la palabra de Jesús, al clarear el día, después de toda la noche bregando y bogando con la barca a mar adentro, Pedro echa las redes al mar, y recogieron tantos peces grandes que la barca casi se hundía.

¿Qué pueden hacer doce jóvenes siguiendo a un profeta que anuncia el inmenso amor de Dios y la proximidad de su Reino? ¿Alguien podrá creer que podrán transformar la historia?

Definitivamente, no pretendas nada que tu lógica humana no vea con nitidez. El fracaso será seguro… O, quizás, sea seguro el fracaso de tu vida si no acoges la llamada de Dios que te invita a una entrega sin condiciones a su voluntad en tu vida.

La llamada de Jesucristo no fue sólo para los doce apóstoles, es para toda persona que al acercarse a él quiera escucharlo. Es una llamada a tenerlo como referencia absoluta en la vida; no sólo a su proyecto o a sus valores, a

Él como Camino, Verdad y Vida. En ese seguimiento llegarán proyectos de ayuda a los demás, y valores para vivir más humanamente, y búsqueda de un mundo más justo y de vida digna para todos, pero siempre siguiéndolo.

¿Quieres seguir la lógica humana en tu vida, o la cuerda insensatez de seguir al Nazareno?

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