EL VICIO DEL PODER

En sus inicios en la dirección, después de seis años como guionista del mítico Saturday Night Live, Adam McKay trabajó en comedias interesantes en las que se lucía su amigo Will Ferrell, uno de las estrellas del famoso programa televisivo.

Ahora, este ejerce como productor en la nueva película del realizador, filme político no exento de mala baba, con una fina ironía que ya estaba presente en su anterior cinta, la muy interesante La gran apuesta, que ya le valió el Oscar al mejor guion adaptado, premios en los que este año, con esta Vice (referido al puesto político del protagonista, pero que aquí, por el doble juego del significado del término y del comportamiento de aquél, se ha llamado El vicio del poder), puede repetir.

La película recorre durante tres décadas la vida, personal y política, de Dick Cheney. Desde que es expulsado de la universidad, hasta sus devaneos y chanchullos políticos siendo vicepresidente de los Estados Unidos, un puesto que normalmente es poco más que decorativo, pero que en sus manos le convirtió en el hombre más poderoso del planeta, el que movía los hilos, el que convirtió el mundo en el mundo que hoy conocemos.

Estados Unidos, 2018 (132′)
Título original: Vice.
Escrita y dirigida : Adam McKay.
Producción: Megan Ellison, Will Ferrell, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Adam McKay, Kevin J. Messick, Brad Pitt.
Fotografía: Greig Fraser.
Música: Nicholas Britell.
Montaje: Hank Corwin.
Intérpretes: Christian Bale (Dick Cheney), Amy Adams (Lynne Cheney), Steve Carell (Donald Rumsfeld), Sam Rockwell (George W. Bush), Alison Pill (Mary Cheney), Eddie Marsan (Paul Wolfowitz), Justin Kirk (Scooter Libby), Lisagay Hamilton (Condoleezza Rice), Jesse Plemons (Kurt), Bill Camp (Gerald Ford), Don McManus (David Addington), Lily Rabe (Liz Cheney), Tyler Perry (Colin Powell).

El tema de la alta política, la incursión en la historia de un elevado número de personajes y tramas, puede resultar complejo, pero McKay crea una narración que no es difícil de seguir, muy bien estructurada, y que atrapa al espectador en sus más de dos horas de metraje. Porque el elemento fundamental aquí no es lo que se cuenta (en el fondo es una historia que ya conocemos) sino cómo se cuenta. Y aquí, no solo McKay ha tenido mucho que ver. También es gracias a las elecciones (acertadísimas todas ellas) en el montaje de Hank Corwin.

Hay un falso final (con créditos incluidos), escenas que se acercan a lo onírico, un narrador omnisciente que (curiosamente) nada tiene que ver con el personaje cuya vida se cuenta (hasta el final, claro, en el que se descubre su identidad y vemos, como ya decía antes, esa mala baba que se destila en todo momento). Incluso, El vicio del poder se ríe de sí misma en lo único que se le podría echar en cara, un claro partidismo, con una escena postcréditos absolutamente genial.

Mitad biopic, mitad comedia (negra, como puede ser la política mal utilizada), se apoya en la sátira con unos personajes a los que no se le dan concesiones y a los que en ningún momento trata de humanizar. Y cuenta con un reparto en estado de gracia. Sobresale un camaleónico Christian Bale, que ya ha ganado el Globo de Oro por este papel y que apunta al Oscar directamente, pero no solo él. Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell… Todos ellos están fantásticos. Incluso los muchos papeles no acreditados (muy pequeños y ocasionales) donde grandes nombres como Naomi Watts o Alfred Molina brillan.

Más críticas en: happyphantomblog.wordpress.com.

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