En el centro de la capilla del Sagrario, justo delante del retablo mayor, se halla una hermosa lápida que da acceso a la bóveda de enterramiento de una familia hidalga de Dos-Hermanas: la de los Rivas. Se trata de uno de los enterramientos más antiguos que se conservan en nuestra localidad, sólo superada por la de los Grimaldi, en la capilla de Señora Santa Ana. Pero, ¿qué se sabe de ella?

Desde que el primer miembro de la familia Rivas, Alonso López de Rivas (1544-c.1595) fijó su residencia en Dos-Hermanas, allá por los años centrales del siglo XVI, siempre tuvieron sepulturas propias en la iglesia de Santa María Magdalena. Sin embargo, fue uno de sus nietos, Alonso de Rivas (1596-1659), que con los años había ganado una cierta prestancia social y un destacado patrimonio, quien adquirió en 1649 una sepultura para que en ella fuesen enterrados tanto él, como su esposa, Mariana Domínguez de San Juan, y todos sus descendientes legítimos.

Aquella sepultura se encontraba en la nave del Evangelio de la parroquia, “en medio del arco inmediato al púlpito de la parte de arriba hazia el altar mayor” y la cerraba “una piedra pequeña de jaspe blanco”, con una inscripción que decía: “Esta sepultura es de Alonso de Ribas y de su muger Mariana de San Juan y de sus herederos, año de mill seisçientos y quarenta y nuebe”. En ella recibieron sepultura el propio Alonso de Rivas en 1659, su esposa en 1688, y sus hijos Alonso (1685), María (1674), Magdalena (1688), Ana (1701) y Beatriz Domínguez de Rivas (1706).

Sustitución del enterramiento

El hijo de Alonso de Rivas, don Francisco Domínguez de Rivas (desde 1685, cabeza o patriarca del linaje), consciente del poder y la relevancia que poseía, mandó sustituir en 1709 ese enterramiento fundado por su difunto padre por otro de mayor prestancia, que quedó situado justo delante del altar de San Francisco, donde estaban colocadas, también, las armas de los Rivas.

Mando ser enterrado…
Muchos de los que en la actualidad admiran la lápida de los Rivas se preguntan: “¿quién está enterrado ahí?”. Examinados los libros de entierros de la parroquia de Santa María Magdalena, se sabe que recibieron sepultura en este recinto los siguientes miembros de la familia Rivas: Alonso de Rivas (en 1709, aunque falleció en 1659), Alonso de Rivas (en 1709, aunque murió en 1685), Mariana Domínguez de San Juan (en 1709, aunque falleció en 1688), Ana Domínguez de Rivas (en 1709, fallecida en 1701), Beatriz Domínguez de Rivas (en 1709, pero murió en 1706), Tomás de Rivas (en 1722), don Francisco Domínguez de Rivas (fundador de la bóveda, en 1733), María de Rivas (en 1740), Pedro Luis de Guzmán y Rivas y Rosa Domínguez de Rivas (ambos en 1743), Juan Domínguez de Rivas (en 1746), Mariana Gregoria Domínguez de Rivas y José María de Guzmán (los dos en 1751), el presbítero Alonso Vicente de Rivas (en 1759), Alonso Gregorio de Rivas y el clérigo Francisco José Domínguez de Rivas (ambos en 1760), doña Juana Rodríguez de Rivas (viuda de don Francisco Domínguez de Rivas, en 1761), el caballero XXIV de Sevilla don Francisco de Guzmán y Rivas (en 1768), Tomás Nemesio de Rivas (en 1779), María Teresa de Rivas y Tomás Dionisio de Rivas (1799).
Y no sólo recibieron sepultura en esta bóveda miembros del linaje de los Rivas, también otros personajes ajenos a él, como son Manuel de Lara, canónigo y arcediano de la Reina de la catedral de Sevilla (en 1782), y el rico aristócrata sevillano Francisco Antonio Maestre y Tous de Monsalve, que huyó de la capital hispalense en 1800 para no contraer la fiebre amarilla, y, sin embrago, ironías de la vida, murió en Dos-Hermanas víctima de esa enfermedad epidémica, siendo enterrado en la bóveda de los Rivas.

Aquella nueva sepultura se cerró con una lápida realizada en jaspe blanco, que es la que actualmente vemos y lleva esta inscripción: “Deo Optimo Maximo Sacrum. / Esta sepultura es de don Alonso / de Rivas y de Doña Mariana de San Juan, / su mujer, y de Don Francisco de Rivas, su hijo, / y de Doña Juana de Rivas, su mujer, / el qual mandó poner esta / losa para sí y sus hijos, herederos / y sucesores. / Año de 1709. / Requiescant In Pace Aeternum”.

En ella aparece en el centro el escudo de armas de los Rivas nazarenos, orlado, situado sobre una cruz de Calatrava y al timbre un yelmo con cinco plumas mirando hacia la izquierda, símbolo de la condición hidalga antigua de este linaje. En la parte inferior, encontramos otro yelmo con guanteletes y ciertos atributos marciales como coraza, lanzas y tambores, que recuerdan el pasado guerrero de la propia familia, pues no olvidemos que parientes de los Rivas de Dos-Hermanas participaron, por ejemplo, en la guerra de las Alpujarras (1568-1571).

Pero cuando se construyó la actual capilla del Sagrario, Domínguez de Rivas decidió construir allí una bóveda de enterramiento que reflejase su poderío económico y la dignidad de su linaje. Y en el lugar donde estuvo el antiguo pozo de la parroquia se ejecutó en 1721 “un cañón de bóveda subterráneo en medio de dicha capilla con su losa de piedra”, según el informe que redactó el maestro mayor de obras del Arzobispado de Sevilla, Diego Antonio Díaz (muy probablemente fue él el autor de las trazas de la bóveda). Para cerrar aquel enterramiento no se dudó en reutilizar la bella lápida de 1709, antes mencionada y que es la que hoy en día podemos admirar.

Desde entonces ahí permanece, a pesar de que a finales del siglo XVIII se extinguió la rama principal de la familia Rivas y sus derechos pasaron a los Liberal, unos vecinos de Sevilla que mostraron siempre poco interés por nuestra localidad.

Foto del mes

En este mes celebramos la festividad de San Sebastián Mártir, el Patrón ‘oficioso’ de Dos-Hermanas, por lo que traemos a esta sección esta curiosa fotografía, uno de los pocos documentos gráficos que se conservan de la bendición de la capilla de San Sebastián, tras las obras de restauración de 1911-1912.

Publicada el 26 de julio de 1913 en la revista catalana La Hormiga de Oro. Ilustración Católica, muestra el comienzo de la procesión que siguió a la referida bendición del templo, impartida por don Enrique Almaraz Santos, cardenal-arzobispo de Sevilla. Dicha procesión se inició a las diez y media de la mañana, concluyendo en la parroquia de Santa María Magdalena, donde se celebraría una misa presidida por el párroco don Antonio Romero Montes.

La fotografía está tomada desde la actual calle Mena Martínez (por aquel entonces sin denominación oficial), que aparece muy concurrida y engalanada a los lados con numerosas banderas y estandarte. También la fachada principal de la capilla está decorada para la ocasión, con banderolas en la espadaña.

Las dos naves laterales que se añadieron al templo en las obras de 1911-1912 apenas se distinguen. Pero, si hay algo destacado, ese es, sin duda, el pórtico de acceso a la capilla, que se muestra sin encalar y con el originario arco carpanel. Este pórtico es del siglo XVI y fue muy reformado en 1928 por el maestro de obras José Garrido, que sería el que le dio el aspecto que hoy en día apreciamos.

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