Mateo 2,1-12

No ME DEJA de sorprender que desde posturas políticas en principio críticas con el sistema económico y social establecido – más de izquierdas, por decirlo llanamente-, se tengan reticencias en recordar el fundamento histórico, o si se quiere mítico-narrativo, de las tradiciones navideñas. Tener como centro de la cultura a una familia de migrantes forzados, primero, y de refugiados que huyen de la violencia asesina de un gobernante cruel, después, creo que es una riqueza de nuestra cultura católico-latina que no se debe desaprovechar.

Los cristianos pensamos que Dios pasa por nuestra historia hecho niño pobre, de una familia desahuciada en Belén, y refugiado después en Egipto por motivos de persecución política. La tradición les dio a los magos de oriente que buscaban a un rey insigne y eminente, unos buscadores de la verdad y de la utopía, incluso la categoría de reyes. Con lo cual tenemos desde hace siglos a reyes de diversas las razas arrodillados ante el poder de la debilidad y la pobreza, que genera compasión y solidaridad.

Sinceramente no sé qué gaita tocan quienes vacían la fiesta de la ternura y la solidaridad y la hacen fiesta de felicitaciones vacías, consumismo y regalos.

Pero quizás cierta responsabilidad la tenemos nosotros, los creyentes; que en vez de ser los primeros en ir todos los días en busca de quien necesita solidaridad y justicia, en vez de buscar la manera de sortear el control de los gobiernos injustos para ayudarlos, nos hemos dejado robar la Navidad arrastrados por la corriente de superficialidad y consumo. Dios nace pobre, ¿dónde pretendemos ir a buscarlo?

Publicidad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here