UN ASUNTO DE FAMILIA

Siete intentos ha necesitado Hirokazu Kore-eda para ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Desde Distance a Después de la tormenta, pasando por Nuestra hermana pequeña, Air doll o Nadie sabe, todas pasaron por el prestigioso certamen. Y lo ha logrado con su última película, esta Un asunto de familia que es además firme candidata (a pesar de rivales poderosos) a ganar el Oscar en unos meses, y en la que recupera el nivel de sus mejores obras, cintas como Still walking o De tal padre, tal hijo, utilizando sus temas recurrentes, y añadiendo el muy interesante elemento de si la familia la forman únicamente los lazos sanguíneos o si hay algo más.

Después de perpetrar uno de sus habituales hurtos en un comercio, Osamu y su hijo se encuentran en la calle a una niña aterida de frío. Aunque en un principio la mujer de Osamu se resiste, cuando descubren las dificultades de la pequeña con unos padres que no la quieren, se acaban apiadando de ella. A pesar de que la familia es pobre, parecen ser felices, hasta que un incidente imprevisto pondrá a prueba los lazos que los unen.

Japón, 2018 (121′)
Título original: Manbiki kazoku.
Escrita y dirigida: Hirokazu Koreeda.
Producción: Kaoru Matsuzaki, Hijiri Taguchi, Akihiko Yose.
Fotografía: Ryûto Kondô.
Música: Haruomi Hosono.
Montaje: Hirokazu Koreeda.
Intérpretes: Lily Franky (Osamu Shibata), Sakura Andô (Nobuyo Shibata), Mayu Matsuoka (Aki Shibata), Jyo Kairi (Shota Shibata), Miyu Sasaki (Yuri), Kengo Kôra (Takumi Maezono), Chizuru Ikewaki (Kie Miyabe), Kirin Kiki (Hatsue Shibata).

Kore-eda habla de ladrones honestos, de gente que sobrevive de pequeños hurtos, ya que los sueldos de sus pequeños trabajos no les da para llegar a fin de mes. De gente que protege a los suyos, que es feliz, que no pierde la sonrisa. Habla de prostitución, de maltrato infantil. Y lo hace sin juzgar a los protagonistas, simplemente mostrando sus decisiones, sus actos, que posiblemente sean equivocados, incluso inmorales, pero eso no hace más que hacerte sentir más cariño por estos personajes.

El director japonés va descubriendo la historia poco a poco, con pequeñas píldoras en las que va desvelando el pasado de los personajes, que no han tenido una vida fácil. Así, muestra una vez más su gran talento a la hora de crear personajes, a la vez que un gran narrador. Los planos están medidos, milimetrados, nada está ahí porque sí, todo tiene su significado, y lo mismo ocurre con los diálogos, con las palabras que pronuncian unos protagonistas fantásticos, donde habría que destacar a Kirin Kiki, la abuela, fallecida poco después de acabar el rodaje.

La historia se mueve en la levedad, en la sutileza, hasta su tercer acto, en el que Kore-eda consigue transmitir mensajes de gran calado, de gran intensidad moral, capaces de tocar las almas y de crear un debate en el que discutir durante horas.

Más críticas en el siguiente enlace.

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