La actual biblioteca pública Pedro Laín Entralgo de Dos-Hermanas juega un papel destacado y primordial en la vida cultural de nuestra ciudad. Sin embargo, poco se conoce de sus orígenes, que se encuentran en el último tercio del siglo XIX, por lo que sería muy interesante adentrarnos en ellos. En aquella época final del XIX, la única biblioteca destacable que existía en Dos-Hermanas era privada y cerrada al público.

Propiedad de don José Lamarque de Novoa (1828-1904), se encontraba en una estancia de la Alquería del Pilar, y estaba formada por casi 3.000 volúmenes. Lamarque la fue trayendo poco a poco desde su domicilio de Sevilla a partir de 1882, y en ella se custodiaban ejemplares destacados como la primera edición de las ‘Obras’ (1871) del poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer.

La ausencia de una biblioteca de carácter público en nuestra localidad llevó a la creación de una en 1897, en los primeros meses del mandato del alcalde Francisco Baena de León Izquierdo (1897-1899), que llevaría el nombre de Biblioteca Popular. Lo de ‘Popular’ reflejaba el interés de las autoridades por fomentar la lectura pública entre el pueblo llano.

Y para hacerse cargo de esta nueva institución, que quedó establecida en las habitaciones altas de las casas consistoriales (donde, recordemos, estaba el despacho del secretario y el archivo municipal), se nombró, a principios del mes de agosto de 1897, al nazareno Manuel Valera García, periodista y bibliotecario, que había sido designado poco antes, además, vocal de la Junta Local de Instrucción Pública. Periódicos sevillanos como La Andalucía o El Noticiero Sevillano recogieron en sus páginas la noticia del nombramiento. Ese último decía el 6 de agosto de 1897: “Se ha hecho cargo de la biblioteca popular municipal de esta localidad el bibliotecario nombrado don Manuel Valera García”. Pocos días más tarde, La Andalucía recogió la noticia de que Carlos Carvajal García “estará agregado a la biblioteca popular con carácter particular, de oficial de dicha biblioteca”.

Ellos serían el personal encargado de dirigir y gestionar la primera biblioteca pública de Dos-Hermanas en los años siguientes. Poco se conoce sobre los libros que constituían los fondos de aquella primera biblioteca nazarena, pues no nos ha llegado inventario alguno. Sí sabemos que el día 30 de junio de 1899 se registra el pago de 16 pesetas al librero sevillano Eugenio de Torres por “un tomo de Alcubilla para la Biblioteca”. Se refiere, claro está, a un tomo del Diccionario de la Administración Española de Marcelo Martínez Alcubilla. Y en diciembre de 1912, se pagaron 9 pesetas a Manuel Serrano Ortega por un ejemplar de su obra Monumentos de los pueblos de la provincia de Sevilla.

A principios del siglo XX, la biblioteca pasó por serios apuros que hicieron peligrar su propia existencia, debido, entre otras cosas, a las continuas “luchas políticas” que sufrió el consistorio en esas fechas, y a la mala relación entre las autoridades locales (de tendencia tradicionalista) con el responsable de la biblioteca, Manuel Valera. La situación no mejoró con la salida de los tradicionalistas de la alcaldía en 1908, por lo que dos años más tarde, Valera envió una solicitud al Ayuntamiento “relativa a la Biblioteca popular, en la que interesa su reorganización”.

Pero los capitulares nazarenos se limitaron a mandar la solicitud “a la Comisión respectiva”, sin más. La falta de interés mostrada por el consistorio, unido a la muerte de Valera en 1914 y de Carvajal en 1916, dieron como resultado la desaparición ‘oficiosa’ de la Biblioteca Popular de Dos-Hermanas. Una pequeña biblioteca, creada en torno a 1913 en la parroquia de Santa María Magdalena, sería la encargada de llenar el hueco dejado por la pública en nuestra localidad.

Recuperación de la institución

Tuvo que pasar poco más de una década para recuperar aquella institución. Así, en enero de 1930, y a iniciativa del entonces alcalde Manuel Andrés Traver, se reinaugura en una habitación de las casas capitulares la Biblioteca Municipal de Dos-Hermanas. Según nos cuenta El Noticiero Sevillano en febrero de ese año: “Está siendo muy concurrida desde su inauguración la biblioteca municipal, habiendo sido su instalación un gran éxito para el autor del proyecto, actual alcalde don Manuel Andrés Traver.

Entre los asiduos concurrentes predomina el elemento obrero, el cual pone en muy alto grado de cultura de los mismos”. Por su parte, El Correo de Andalucía informó de que unos 6.000 volúmenes “de los más diversos temas” estarían a disposición de los nazarenos en horario de 10 de la mañana a una del mediodía y de 7 de la tarde a 10 de la noche. Entre aquellos volúmenes estaban el libro España bajo el reinado de Alfonso XIII (de Lucas Argilés), adquirido en febrero de 1928 por 30 pesetas, la enciclopedia Universal de Espasa, y muchos ejemplares procedentes de la biblioteca personal de don Juan Legallois de Grimarest (hoy custodiados en la propia biblioteca pública de Dos-Hermanas). Estos últimos fueron traídos a nuestra ciudad, muy probablemente, gracias a las gestiones de José Collantes de Terán, empleado municipal casado con una sobrina nieta de don Juan de Grimarest.

A partir de este momento se abrió una nueva etapa en la vida de la biblioteca pública (que estará unida al archivo municipal), estando dirigida por personalidades como el presbítero Fernando Maya León y el poeta Antonio Llopis Sánchez.

Los promotores de la idea
Dos son los grandes artífices de la creación de una biblioteca municipal en Dos-Hermanas. Por un lado, el alcalde conservador Francisco de Paula Baena de León, quien trajo en 1897 la ansiada tranquilidad al consistorio nazareno. Tal tranquilidad propició promover diversos proyectos, entre los que se encontraba, como no, la creación de una biblioteca que fomentase la lectura entre los nazarenos. El otro artífice, que recuperó esta institución, fue el también alcalde Manuel Andrés Traver, que prosiguió y auspició una serie de reformas y proyectos con el fin de mejorar y modernizar la villa de cara a la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Entre esos proyectos estaba la reinauguración de la biblioteca, que quedó decentemente equipada en una habitación de las casas capitulares.

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