CRÓNICA SEFF’18

Concluyó el pasado fin de semana la edición número quince del Sevilla European Film Festival, una edición en la que la sección oficial ha crecido hasta las diecinueve películas a concurso, quizá demasiadas.

Cintas entre las que se encontraban dos producciones españolas, ambas enmarcadas en el género documental, Idrissa. Crónica de una muerte cualquiera, sobre el fallecimiento en extrañas circunstancias de un joven guineano en un CIE de Barcelona, y La ciudad oculta, viaje por el subsuelo de Madrid, recorriendo túneles, tuberías y fosas, que se llevó el premio a la mejor fotografía.

También se contaba con una película de animación por primera vez en el concurso. Fue la fantástica Ruben Brandt, collector, premio al mejor guion, premio de la crítica andaluza y mejor ópera prima, que narra la historia de un psicoterapeuta con recurrentes pesadillas con grandes obras de arte como protagonistas, y que monta una banda de atracadores para hacerse con ellas robándolas de los mejores museos del mundo. Estética y ritmo arrollador, quizás mereció incluso más de lo que obtuvo.

En el certamen había también nombres importantes, de grandes conocidos, pero que en general decepcionaron con sus nuevas propuestas. Florian Henckel von Donnersmarck volvía al SEFF doce años después de triunfar con La vida de los otros con la pomposa, plana y aburrida Obra sin autor; László Nemes, que ganó Oscar, BAFTA, Globo de Oro… hace dos años con El hijo de Saúl, repite estilo, estética con menores resultados en Atardecer; Olivier Assayas también regresa al SEFF dos años después de Personal shopper, cambiando radicalmente de género con la charlatana Non fiction; el turco Nuri Bilge Ceylan presentaba la interesante El peral salvaje; y la francesa Mia Hansen-Løve, la intrascendente Maya.

Sin embargo, el Giraldillo de Oro fue para la ucraniana Donbass, de Sergei Loznitsa, quien presentaba tres películas en el festival, y que a modo de documental ficcionalizado, hacía un retrato del conflicto ucraniano-ruso mostrando la tragedia de la guerra con un tono satírico y negro. La británica Ray & Liz, mordaz autobiografía de los duros años de infancia del fotógrafo Richard Billingham, se llevó el Gran Premio del Jurado. El resto del repartido palmarés lo completaron Yolande Zauberman como mejor dirección por M; Joy Anwulika como mejor actriz en Joy; y la dupla Vincent Lacoste y Pierre Deladonchamps como mejores actores en Vivir deprisa, amar despacio.

Sin premio se quedaron Dovlatov (con la que Aleksey German Jr volvía al SEFF), Touch me not (que venía de ganar el Oso de Oro en Berlín) y Pity (de lo mejor que vimos durante la semana), que merecieron algo más. También de vacío, merecidamente, (retrato del mundo de culturismo femenino), What you gonna do when the world is on fire? (reflejo de la América profunda, como sus anteriores trabajos, en un sobrio blanco y negro que nos aleja de sus pretensiones) y la aburridísima La casa de verano. De lo mejor, como casi siempre, estuvo en las secciones paralelas, con maravillas como Beast, Border, Buenos vecinos, La casa de Jack, Diamantino o When the trees fall.

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