En la tarde del 23 de noviembre de 1948, fecha en que se conmemoraba el VII Centenario de la conquista de la ciudad de Sevilla por las tropas de Fernando III ‘el Santo’ de Castilla, tuvo lugar una procesión extraordinaria en la que participaron las imágenes relacionadas con el referido monarca castellano, las llamadas imágenes fernandinas: Nuestra Señora de los Reyes, la Virgen de las Batallas, la Virgen de los Reyes de los Sastres, la Virgen de los Reyes del convento de San Clemente, la Virgen de la Merced de las mercedarias calzadas de la Asunción, Nuestra Señora de las Aguas y, por supuesto, Nuestra Señora de Valme de Dos-Hermanas. También formó parte de aquella magna procesión el pendón de San Fernando.

La Hermandad de Valme aceptó la invitación del cardenal-arzobispo de Sevilla, don Pedro Segura, y a las cinco de la tarde del 21 de noviembre la talla de la Protectora abandonó la parroquia de Santa María Magdalena, siendo trasladada a la venta de ‘las Palmas’, donde fue colocada en un coche descubierto propiedad de Carlos Delgado de Cos. En ese peculiar vehículo fue llevada a la imagen de la Virgen de Valme hasta la capital hispalense. En él viajaban el hermano mayor, Isidoro Peña Sánchez, el referido Carlos Delgado (que era el conductor), el párroco don Manuel García Martín y el coadjutor de la parroquia Francisco Márquez Sánchez.

La comitiva llegó a la catedral sevillana sobre las seis y media de la tarde, quedando la imagen bajo el cuidado del capellán real José Sebastián y Bandarán en la sacristía mayor.

Con aquella magna procesión fernandina culminaban los actos conmemorativos del VII Centenario de la conquista de Sevilla. Según informó el diario ABC de Sevilla el 24 de noviembre, para tal celebración “la ciudad presentaba un magnífico aspecto, luciendo colgaduras todos los balcones. El comercio cerró sus puertas y desde bien temprano, las calles céntricas se encontraban ocupadas por millares de personas que hacían imposible el tránsito”.

A las cuatro y media de la tarde se abrieron las puertas del pórtico de San Miguel, iniciándose de esta forma la procesión. Como bien reseñó ese periódico sevillano, “abría marcha en la procesión la escuadra y banda de cornetas del Regimiento de Lanceros de Villaviciosa, seguida de la cruz procesional y figuraba en primer término el paso de la Virgen de Valme, con el estandarte de San Fernando”. La Protectora de Dos-Hermanas iba en el nuevo paso de Santa Ana, exornado para la ocasión por la camarera Elvira Mantilla Rodríguez, María Muñoz Carballido y José Caro Arias. Cuatro pajes con vestiduras de época, escoltaban el paso, que fue acompañado, además, por un centenar de miembros de la Hermandad de Valme, con su hermano mayor y el párroco a la cabeza.

Terminada la procesión (que llegó hasta la plaza Nueva), la imagen de la Virgen de Valme permaneció en la capilla real, junto a la urna que contiene el cuerpo de San Fernando, hasta que el 24 de noviembre abandonó la catedral hispalense saliendo por la puerta de las Campanillas. Allí esperaba el mismo coche que fue utilizado para traer a la talla fernandina a la capital hispalense.

Todavía hubo tiempo para recorrer en procesión triunfal las principales calles de la localidad. Ese fue el broche final de unas jornadas que fueron vividas de manera intensa. Ahora que el próximo mes se cumple el 770 aniversario de la conquista de Sevilla, es bueno recordar aquella procesión sevillana que tuvo un toque nazareno.

La foto romera
Esta magnífica instantánea, conservada en la Fototeca de la Biblioteca Municipal de nuestra ciudad, muestra el momento en el que la carreta de la Virgen de Valme atraviesa el paso a nivel de la Salud, durante la romería de 1926. Llaman la atención los numerosos caballistas que esperan a la carreta, y las numerosas chumberas que delimitan las fincas situadas al pie del antiguo camino de Sevilla a Dos-Hermanas.

Como también se puede ver, astas con banderas nacionales colocadas a un lado y a otro del referido camino decoraban el trayecto. Además se pueden observar los farolillos colocados a la veneciana, muy populares en el primer tercio del siglo XX. La Guardia Civil custodiando la carreta, el hombre con su puesto ambulante, colocado junto al paso a nivel, las jóvenes ataviadas con un fino velo negro y el pozo que se observa al fondo, dan el toque costumbrista a la escena.

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