Con la macabra noticia que nos encontramos el pasado 28 de septiembre, día que llegaron a cometer dos crímenes: en Torrox un hombre ha matado a una mujer, y en Chiclana una mujer ha matado a un hombre. Ante este horror no hay más remedio que gritar un: ¡Basta ya! Y a reglón seguido preguntarse ¿A dónde vamos?

¿Qué clase de valores de cultura y educación predominan en esta sociedad? No deja de ser un horror que, casi siempre la primera noticia de los medios sea la de: “una mujer ha sido asesinada” (ocurriendo casi siempre en el entorno familiar), y a reglón seguido escuchar el macabro: “esta víctima hace el número tal…” Esta cámara de horrores, en muchos casos se amplía a los propios hijos. No me extraña que algunos autores de estos crímenes lleguen al suicidio, pues ¿Cómo pueden vivir las personas que llegan incluso a matar a sus propios hijos? ¡Ni aún las bestias llegan a tales horrores!

¿No estaremos cruzando los umbrales de una cultura de la muerte? ¿Qué es lo que está ocurriendo en esta sociedad? ¡Que vive a espaldas de Dios! Han renunciado a la cultura y la educación de los valores cristianos, se encuentra abocada en un progreso que, está desembocando en una cultura de la muerte, pues, si hay que admitir que, los hechos luctuosos, por desgracia siempre han ocurrido, con más fuerza hay que afirmar que, nunca como hoy, ocurren tanta cadena de crímenes, ¡Tantos asesinatos de mujeres! Algunas incluso con sus hijos, y por todo ello no tenemos más que gritar de nuevo a pleno pulmón: ¡Algo está fallando!

Pues estos horribles crímenes, a pesar de todos los medios que las autoridades ponen, se siguen cometiendo casi a diario ¡Algo está fallando cuando esta sangría en vez de remitir, no cesa de crecer!
Y lo que falla es el Amor (en mayúscula), sí, ¡Lo que falta es Amor! Y dice la Biblia que: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es Amor” (1Jn 4:8) luego, para llenarnos de ese Amor tenemos que ir a cargar las “pilas” al Corazón de Jesús, y estoy seguro de que, no quedaremos defraudados, pues este corazón está rebosante de solo Amor, ahí no encontramos, ni odio, ni rencor, ni venganza, ni maldad, ni nada que sea contrario a la caridad. Y es que la medida del amor solamente se puede atisbar por la capacidad de sufrimiento. Estas enseñanzas de tanta capacidad y pureza, son el verdadero antídoto contra la “cultura de la muerte”.

Cuando un matrimonio, una pareja, se vea abocada en una crisis, hay que tratarlos con mucha caridad cristiana, buscando siempre lo positivo, es decir, hacerles ver las ventajas de su “unión”, colocando siempre el interés de sus hijos por encima de todo egoísmo. Estoy seguro de que, con esta actitud muchas situaciones se podrían arreglar, devolviéndoles así a muchas parejas una paz de conciencia que nadie jamás se la podrá robar.
Haciéndoles ver que, las crisis hay que aprovecharlas para crecer, tratando de sacar los mejores frutos que puedan redundar en su propia estabilidad matrimonial. Lo que ocurre es que, los pregoneros de la nueva cultura en vez de “unir”, se dedican a “separar”, a fragmentar, a dividir, sin importarle el dramático fin a que puedan llegar. Quien ha retratado bien esta locura social es el sociólogo y filósofo Bauman, él dice que, vivimos en una “sociedad que propugna la fragmentación, una sociedad líquida, todo se “diluye”, nada perdura, una sociedad de “usar y tirar”…

La fragmentación es obra del demonio, que, trata siempre de dividir a las personas, a las parejas (creándoles sentimientos contrapuestos) y así “fragmentarlos”, es decir, enfrentarlos, llevándolos a la ruptura después del “usar y tirar”, como si fueran objetos inservibles: ¡Ya no me interesas! Este es “el espíritu de iniquidad que está en acción” (2Tes1:7).

Estoy convencido de que, la “cultura de la muerte” con toda su saga de crímenes casi diarios (que no cesan) es obra de ese “Misterio de iniquidad” que nos habla la Biblia, cuyo fruto es la fragmentación social que denuncia Bauman, que es una lucha de “todos contra todos”.

La única receta que existe para la cura de todos estos males la hallamos en la conversión a Cristo, retornando a la Iglesia y a la recepción de los Sacramentos. Rezo un Padrenuestro por todas las víctimas de la “cultura de la muerte”.

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