La capilla de San Francisco de Paula o capilla del Sagrario (como es más conocida) es, en la actualidad, el recinto más antiguo de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Mandada construir por el poderoso hidalgo nazareno don Francisco Domínguez de Rivas para que el Santísimo tuviese un lugar mucho más privilegiado en la primitiva parroquia nazarena, fue utilizada, además, como instrumento útil y visible para ensalzar su linaje: una manera de demostrar su propio poderío y el de su familia.

Construida entre 1719 y 1720, siguiendo las trazas del maestro mayor de obras del Arzobispado de Sevilla, Diego Antonio Díaz, el resultado fue una capilla de gruesos muros, de planta cuadrada, cubierta con bóveda de media naranja que descansa sobre cuatro pechinas. La cúpula no es visible en el exterior, pues ahí presenta una cubierta a cuatro aguas, coronada en un principio por una cruz de hierro. Cuatro eran las ventanas que daban luz al nuevo recinto, de las que actualmente existen sólo dos. Veamos, a continuación, cuáles son sus elementos externos más representativos.

1 La cubierta a cuatro aguas apenas es perceptible en la actualidad por los múltiples edificios que la rodean. Está realizada con tejas árabes, siendo la armadura de madera. Por fortuna, no pereció en el incendio que sufrió la parroquia en 1936.

2 Esta cruz de hierro coronaba hasta hace bien poco la capilla del Sagrario. Fue realizada en torno a 1720, muy probablemente en Sevilla. Posee algunos detalles que recuerdan la cruz del escudo nobiliario de los Rivas (debemos recordar que en él campea una cruz floreada).

3 Hasta bien entrado el siglo XX, unas pinturas que simulaban sillares decoraban el exterior de la capilla. Esa misma decoración poseía, por cierto, la propia parroquia de Santa María Magdalena, la cual aún se puede apreciar (no sin esfuerzo) en el testero del templo, en la pared que da al patio de la capilla de Santa Ana. Esto era una práctica común en los edificios del siglo XVIII, como puede apreciarse aún hoy en día en la torre-mirador del Lanero (de 1732).

4 Sobre la puerta de acceso vemos esta ventana que, en cierto momento del día, permitía iluminar el manifestador del retablo mayor de la capilla, lugar que en su origen estaría ocupado por un viril o custodia donde quedaría expuesto el Santísimo Sacramento. Sin embrago, al construirse a fines del XVIII y principios de la centuria siguiente el edificio neoclásico que hoy admiramos, esta ventana perdió su función originaria, pues las altas naves de la nueva parroquia arrebatan la mayoría de los rayos del sol.

5 En las dos esquinas exteriores existieron dos contrafuertes, con el fin de soportar la presión ejercida por la falsa cúpula y la cubierta de madera y teja. De los dos contrafuertes, sólo queda uno, visible aún en la sacristía de la parroquia.

6 La actual hornacina que da al patio fue en un primer momento una ventana que daba luz al recinto. En fecha que no hemos podido averiguar (quizá en el siglo XIX), se decidió cegarla y a mediados del siglo XX (concretamente en 1950), el afamado pintor Braulio Ruiz (autor, recordemos, de las pinturas del interior de la Capilla del Sagrario) ejecutó en esta hornacina una escena que representaba a Santa Ana enseñando leer a la Virgen María. Con el paso del tiempo, la pintura sufrió un cierto y lógico deterioro debido a las inclemencias, por lo que en el verano de 2015, el pintor Antonio Úbeda Jiménez repintó el conjunto, dándole el aspecto que hoy presenta.

7 Estas líneas discontinuas marcan el trazado de los muros de la primitiva parroquia gótico-mudéjar de Santa María Magdalena, un templo que era mucho más bajo que el actual.

8 Un gran arco de medio punto da acceso al recinto. Cierra ese arco una hermosa y, a la vez, sencilla reja, la más antigua, por cierto, de la parroquia. Data de 1721, según se desprende del informe emitido en ese año por Diego Antonio Díaz, en el cual se dice que “se estavan ya executando en casa del herrero y que luego que se acabasen se avían de poner para la conclusión de la obra de dicha capilla”. Es la única de las rejas de la iglesia que aparece pintada, en este caso con colores dorado y rojo, que hacen referencia al carácter sacramental del recinto. En la parte superior, campea en el centro el escudo heráldico de los Rivas, fundadores, patronos y benefactores de la capilla durante algo más de un siglo.

¿Sabías que…?

A la romería de 1895 (que tuvo lugar el 20 de octubre) acudieron unas 3.000 personas, según los periódicos de la época. Procedían de nuestra localidad, de Sevilla y de pueblos cercanos como Coria, Alcalá de Guadaíra y Utrera. Entre los asistentes más ilustres se encontraban el II Conde de Ybarra, José María Ybarra González, acompañado por su familia, Francisco Ávila Ramos, dos hijos del marqués de Torrenueva, don Jesús de Grimarest, Fernando González de Ybarra (pariente de aquel conde), el propio alcalde de Dos-Hermanas Antonio Valera Martín, y Francisco Valera García (hermano del periodista Manuel Valera y, andado el tiempo, alcalde de la villa) con su familia.

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