Al formar parte de la calle Real (principal arteria de la villa durante muchos siglos), esta histórica vía nazarena fue muy transitada por toda clase de personas: desde comerciantes y ricos hombres hasta humildes campesinos, pobres y mendigos.

De ahí que se levantara en ella en los inicios del Quinientos el llamado hospital de Santa Ana, institución tan importante en la Historia de Dos-Hermanas como poco estudiada. Y, a diferencia de su ‘hermana’ la calle Real de Sevilla, esta calle Real de Utrera estuvo muy poco poblada hasta bien entrado el siglo XIX. Durante toda la Edad Moderna en esta zona predominaron las haciendas, las bodegas, las tierras baldías y alguna que otra huerta, como la ‘de la Torre’, que aún subsiste integrada en el Colegio Sagrada Familia, siendo, por cierto, la única huerta interior que existe en Dos-Hermanas.

Asimismo, la primera vez que vemos a esta calle registrada en un padrón de manera independiente es en el de la contribución de 1817. En ese momento, poseía un total de cuarenta y seis casas, dos de las cuales pertenecían a la hermandad del Santísimo Sacramento. También existían varias huertas, entre las que estaban la antes citada ‘de la Torre’ y las que poseían el hermano del marqués de Arcohermoso y la hermandad de Santa Ana.

Dos años más tarde, vemos cómo se instalan en esta vía los primeros negocios de los que se tiene constancia documental. De esta forma, en sus respectivos domicilios Alonso Aguilera y Francisco Mendoza se dedicaban a la elaboración y venta de buñuelos (muy demandados en la época de las fiestas patronales), mientras que Gaspar Farfán se dedicaba a sembrar (para su posterior venta) calabazas, pepinos, tomates y sandías. Ignacio Gómez, por su parte, tenía una modesta tienda donde vendía el jabón que él mismo fabricaba.

En los años finales del siglo XIX, la calle Real de Utrera comenzó a tener una mayor relevancia. Tanto es así que en ella abrió sus puertas uno de los primeros teatros que hubo en Dos-Hermanas: el llamado Teatro Cervantes. Creado en torno a 1880, estaba situado muy cerca de la huerta de Santa Ana, viviendo su época dorada en torno a 1888-1889.

Por aquellas fechas, esta calle tenía setenta y cuatro casas y 323 habitantes, siendo, por tanto, una de las vías más importantes de la villa. Y a pesar de la prestancia que iba tomando, siguió siendo una calle terriza, sin adoquinar, intransitable durante la mayor parte del año. Las reformas de esta vía se darían en la siguiente centuria.

Vecinos destacados
De todos los célebres vecinos que han residido en esta céntrica vía (que han sido muchos) destacaremos tres. Por un lado, don Hernando de Ayala, rico hacendado sevillano del siglo XVI. Poseía en esta vía, entre las actuales calles Álvarez Quintero y Goyeneta, una extensa finca donde pasaba largas temporadas. Ayala pertenecía a una importante familia sevillana, con propiedades en nuestra entonces villa, incluso desde antes de que existiera la propia Dos-Hermanas. Don Hernando ejercería, asimismo, una gran influencia sobre el consistorio nazareno.

Otro vecino sobresaliente fue el mecánico y empresario de origen checo Carlos Soldat Havlicek (1871-1947), conocido en el pueblo como Carlos ‘el Alemán’. Residió en el n.º 21, en una casa que actualmente se conserva y que recibía el nombre de Casa del Jardinillo o Casa del Alemán. Fue el encargado de instalar, en 1895, la nueva maquinaria de la fábrica de yute y fundó con la ayuda de José Muñoz, en 1918, el llamado ‘Salón Ideal’, primer edificio destinado a cine en Dos-Hermanas.

Por último, no podemos olvidar la figura del doctor Antonio Romero Montes (1856-1920), párroco de Santa María Magdalena desde 1890 hasta su muerte en 1920, y que residió en la casa rectoral, situada como hoy en día en el inicio de Real de Utrera. Natural de Sanlúcar de Barrameda, emprendió numerosas obras de reforma en la parroquia, comenzó la construcción del actual cementerio de San Pedro, y creó el Centro Obrero Católico de Dos-Hermanas. También fomentó la reorganización de varias hermandades de la villa y la creación de otras nuevas (caso de Gran Poder).

¿Qué nombres tuvo?
Hasta los inicios del siglo XIX fue el último tramo de la larga calle Real. Y a partir de ese momento se decidió llamar, de manera oficial, a ese tramo calle Real de Utrera, para diferenciarlo de la Real de Sevilla, aunque bien es cierto que ya en el s. XVI se hacía una distinción clara de ambas partes de la calle Real, pues en ciertos documentos notariales se habla de “la calle Real que va a Utrera”.

En cualquier caso, con la denominación de Real de Utrera permaneció hasta que en 1897 la corporación municipal decidió bautizarla con el nombre de Juan de Pozas, en recuerdo del que fuera párroco de la Magdalena en la primera mitad del XVII, el bachiller don Juan de Pozas, muy querido en el pueblo por su carácter caritativo.

Sin embargo, poco después (en 1901), muda nuevamente su nombre y pasa a denominarse Conde de Ybarra, en honor a don José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes, primero en llevar ese título, y personaje muy influyente en los primeros años de la Restauración borbónica. Con este nombre estuvo hasta que en 1931 se proclama la República.

Entonces, los capitulares nazarenos decidieron ponerle Enrique de Mesa, por el célebre poeta y crítico teatral Enrique de Mesa Rosales (1878-1929). Tras el estallido de la Guerra Civil, en 1937, se decide dividir la calle en tres tramos que fueron denominados así: el primero, Conde de Ybarra; el segundo, Oviedo; y el tercero, José Fornet.

Finalmente, tras las primeras elecciones municipales democráticas, en 1980, se decide unificarlos y llamar a la calle resultante Real de Utrera, recobrando, así, su tradicional nombre.

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