“No hemos conspirado; hemos recogido a plena luz y ambiente el ansia popular, y la hemos dado algo de organización, para encauzarla a un fin patriótico exento de ambiciones”

De esta manera intentó justificar el general Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, el pronunciamiento militar que protagonizó el 13 de septiembre de 1923, poniendo fin al período constitucional del reinado de Alfonso XIII. Ciertamente, desde 1917 el sistema de la Restauración había entrado en un verdadero “callejón sin salida”.

Los llamados partidos dinásticos (Liberal y Conservador) no conseguían solucionar la grave crisis política y económica que padecía el país, ni daban respuestas a las aspiraciones de la sociedad española, existiendo la convicción general de que tarde o temprano se produciría un pronunciamiento que restableciese el orden y solucionase de raíz todos los problemas nacionales.

El golpe de Estado del general Primo de Rivera, del que se cumplen, por cierto, noventa y cinco años, terminó contando con el beneplácito del monarca, quien nombraría al general nuevo presidente del Consejo de Ministros el 15 de septiembre, en sustitución del liberal Manuel García Prieto. También la mayor parte de la sociedad aplaudió el pronunciamiento de Primo de Rivera.

Pero, ¿cómo se vivió aquel trascendental hecho histórico en Dos-Hermanas? La grave crisis política que afectaba al país tuvo su reflejo en la política de la villa. En el período de 1917-1923 se sucedieron hasta seis alcaldes diferentes y la lucha entre facciones políticas fue especialmente violenta, llegándose, incluso, a las manos en más de una ocasión. Desde el 15 de diciembre de 1922 era alcalde de la villa Joaquín Mejías, perteneciente al sector romanonista (partidario del conde de Romanones) del partido Liberal. Había sustituido a Joaquín Jiménez López, quien había dimitido, principalmente, por falta de apoyo político. Sin embargo, Mejías no consiguió apaciguar el tenso ambiente que existía en Dos-Hermanas debido al problema huelguístico (agravado por los atentados anarquistas) y las antes mencionadas luchas políticas. Así las cosas, la noticia del golpe de Estado del general Primo de Rivera llegó a Dos-Hermanas a las pocas horas de producirse, aunque las actas capitulares de esos días guardan silencio.

Y si bien, el Ayuntamiento nazareno se abstuvo de efectuar cualquier tipo de manifestación, algunas asociaciones de la villa dieron muestras de adhesión. Debemos decir, en este punto, que aquella noticia, como ocurrió a nivel nacional, fue recibida en nuestra ciudad con alivio y cierto entusiasmo, especialmente por el grupo de industriales y comerciantes, pues se pensaba que, al fin se restablecería la ansiada “paz social”. Y una de las asociaciones que mostraron sin reserva su adhesión al nuevo presidente del Consejo de Ministros fue el Círculo de la Unión Comercial de Dos-Hermanas, presidido en ese momento por Bernardino de Cos Domínguez.

Días después del pronunciamiento, la Unión Comercial envió a Primo de Rivera el siguiente telegrama: “Unión Comercial de esta villa que tanto combatió políticos fracasados, envía entusiasta felicitación, ofreciéndose para todo cuanto redunde en beneficio Patria. Presidente Comité, Bernardino de Cos”. Rápidamente, el general contestó con este otro: “Agradezco sincera felicitación y ofrecimiento esa Unión. Les saludo afectuosamente”. También enviaría un telegrama a Bernardino de Cos (a título personal) en estos términos: “Gracias por felicitación y ofrecimientos, le saludo”.

Por Real Decreto publicado el 1º de octubre de 1923, quedaban disueltos los ayuntamientos constitucionales, entre los que se encontraba, obviamente, el de Dos-Hermanas. Y al día siguiente se celebró sesión extraordinaria en las casas consistoriales con el fin de nombrar el nuevo ayuntamiento nazareno. Presidió la sesión el jefe del puesto de la Guardia Civil, el alférez Antonio Pastor Carrasco, máxima autoridad militar presente en la villa, y a ella asistieron todos los concejales salientes, Joaquín Mejías incluido, que aparece como simple concejal. El secretario leyó un telegrama enviado por el Gobernador Civil donde se daba a conocer el referido Real Decreto de disolución. Todos los concejales nazarenos abandonaron sus asientos y el salón de sesiones, y entraron los vocales asociados de la Junta Municipal: Hipólito García Rodríguez, Juan José Jiménez López, Manuel Durán Madueño, Manuel Márquez Martín, Juan Reina García, Manuel Bautista Moreno, Antonio León Reyes, Julio Velázquez López, Manuel Porrero Farfán, Manuel Arquellada Pérez, José Varela Gómez, José Jiménez Barbero y Manuel Salguero Gutiérrez.

De esta manera quedó constituido el nuevo Ayuntamiento de Dos-Hermanas. Entonces, el alférez preguntó si entre los presentes existía alguien que tuviera un título profesional o ejerciera industria técnica o privilegiada, “pues entre ellos procedía hacerse principalmente la elección de Alcalde”. En ese momento, el vocal Julio Velázquez manifestó que poseía el título de Contador Mercantil, mientras lo mostraba a la presidencia y al resto de compañeros. Como no había quien reuniese mejores condiciones que él para ocupar la alcaldía, por unanimidad se acordó nombrarle nuevo alcalde de Dos-Hermanas. Según manifestó el periódico El Liberal, el vecindario acogió bien a los nuevos concejales “por ser ajenos a la política”.
De esta forma comenzó en nuestra localidad la dictadura de Primo de Rivera, un régimen que había nacido con la intención de no durar más de noventa días (los suficientes para regenerar el país, según dijo el propio Primo de Rivera) pero que, finalmente, permaneció seis años y cuatro meses.

El último alcalde constitucional y el alcalde que no quiso serlo

Joaquín Mejías Franco (1874-1943), último alcalde constitucional, vivió una etapa especialmente convulsa de la Historia política de Dos-Hermanas. No contaba con el apoyo de su partido (el Liberal), debido en buena parte a la debilidad y fragmentación de la propia formación, dividida en diversas facciones (los romanonistas, los albistas, etc…). Tampoco ayudó la complicada y crítica situación política del país. Tras su destitución el 2 de octubre, Mejías se retiró de la política local y no volvió al consistorio.

Julio Velázquez López (1889-1965), por su parte, llegó a la alcaldía nazarena de manera casual, sin pretenderlo. Días después de su nombramiento manifestó que “ha venido a la Alcaldía por una casualidad y debido al título profesional que posee y que, por tanto, nada tiene que agradecer a los políticos. Que está animado de la mejor buena fe y que hará todo cuanto le sea posible en beneficio de la Administración del pueblo, exigiendo lo mismo al grande que al chico que paguen al Ayuntamiento cuanto deban pagar. Si llegara el día en que viese que no podía ser, que entregaría la vara”.

También dijo que “aunque no soy hijo de este pueblo, al cual quiero y admiro como el que más, al ocupar esta Alcaldía, cosa que jamás pasó por mi imaginación, os participo que vengo dispuesto a administrar los sagrados intereses del pueblo de Dos-Hermanas, sin inclinarme ni en favor de unos ni de otros y sí sólo a administrar bien y hacer justicia”. Sin embargo, aquel “día en que viese que no podía ser” llegó pronto: concretamente el 21 de diciembre de 1923, siendo el suyo uno de los mandatos más efímeros del siglo XX.

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