La calle Manuel de Falla (y II)

En los primeros años del siglo XX, las autoridades locales comenzaron a mostrar un mayor interés por esta vía nazarena. Tanto es así, que en 1903 se colocaron farolas de luz eléctrica a lo largo de toda la calle, algo que no se hizo con el resto de vías del municipio (a excepción de la calle Santa María Magdalena). Sin embargo, el adoquinado de la entonces calle Castelar no llegaría hasta fines de 1928, cuando era alcalde el médico de la villa Manuel Andrés Traver, vecino, por cierto, de esta vía.
Por otra parte, esta calle estuvo muy vinculada con el movimiento obrero nazareno. De hecho, en el n.º 1 tuvo su sede entre 1911 y 1920 la Sociedad El Roble, primer sindicato que agrupaba al gremio de toneleros creado en Dos-Hermanas. Y en el n.º 21, tuvo su sede la sección local de la Confederación Nacional del Trabajo. Esa sede, por cierto, fue uno de los escenarios de la toma de Dos-Hermanas por las tropas nacionales, el 20 de julio de 1936, levantándose allí una barricada con los adoquines de la propia calle.

La casa que había pertenecido a los anarcosindicalistas pasó a ser propiedad municipal al poco de estallar la Guerra Civil. Estuvo sin un uso concreto hasta que en 1963 se destinó a garaje del camión de riegos y almacén de materiales del Ayuntamiento. Pero en febrero de 1967, se vendió a la Compañía Telefónica Nacional de España por un millón de pesetas, y tres años más tarde se construyó el actual edificio que vemos, donde quedó instalada una Central Telefónica automática.

Principales edificios
Esta calle cuenta con numerosos edificios destacados que merecen ser reseñados en esta página. Algunos, por desgracia, perecieron víctimas de la piqueta a lo largo del pasado siglo (casos de la hacienda de las Botijas y de la casa de vecinos denominada ‘de los Coches’, ubicada en el n.º 44), pero otros aún podemos apreciarlos. De estos últimos destaca, sobremanera, la casa de Manuel Andrés Traver, que hace esquina con Romera. Se trata de una magnífica casa señorial con elementos medievales, construida en 1928 por el maestro alarife nazareno Rafael Ramos Sánchez (1896-1961). Sobresale del conjunto su hermosa torre mirador. Por su parte, también es digna de ser mencionada la casa n.º 69, de marcado estilo regionalista y obra de otro conocido maestro alarife de nuestro pueblo, Juan López Tristán (1854-1938).

Por esos años de la posguerra aparecieron numerosos comercios y establecimientos, en una calle que nunca había sido tradicionalmente comercial. Entre los negocios que existían en esta vía nazarena a mediados del siglo XX destacaremos, por un lado, las tabernas ‘del Loreto’ (ubicada en la esquina con Antonia Díaz) y de Manuel ‘el Ratón’, la panadería del ‘Chache’ (al inicio de la calle), un taller de bicicletas, el horno de cal de Rafael López Gil, los talleres de tonelería de Rafael Velasco y de los hermanos Manuel y José Román (este último, en el n.º 43), y los talleres de bordadoras de Herminia Cotán y de costura de las hermanas María y Josefa Monge.

Asimismo, se encuentra muy vinculada a la Semana Santa nazarena pues por aquí han procesionado y procesionan varias hermandades de nuestra ciudad, como Vera-Cruz, Santo Entierro, Oración en el Huerto, Gran Poder, Pasión y Borriquita. También formó parte del itinerario del Corpus Christi y de la procesión de la Asunción a los Cielos.

En la actualidad, el asfalto ha sustituido a aquellos adoquines colocados en las vísperas de la Exposición Iberoamericana de 1929. Sin embargo, la calle Manuel de Falla, la popular calle del Pinar, sigue teniendo un marcado “sabor a pueblo”. Y como escribió en 1995 la recordada historiadora nazarena María José Cardona, una de sus ilustres vecinas, “en ella se respira paz, convivencia, tolerancia y solidaridad”.

La calle Manuel de Falla (y II)

La calle y la ‘alcaldada’ de 1928

Vivía en los años 20 al final de esta calle, próximo a la hoy Avenida de Andalucía, un humilde jornalero llamado Manuel Jurado Zambruno (1861-1940), conocido en el pueblo como ‘Manolillo Coronel’. En esa zona de la calle existía un considerable desnivel, pues la actual avenida (entonces carretera de Sevilla a Los Palacios) estaba unos tres metros por encima de la calle que estudiamos. Para comunicar ambas vías había una pequeña rampa de albero. Pues bien, en 1928, el alcalde Manuel Andrés Traver decidió adoquinar varias calles del pueblo, entre ellas la del Pinar, «su nueva calle». Se quiso entonces eliminar aquel desnivel, pero si eso se hacía, las puertas de las casas cercanas a la avenida quedarían, literalmente, hundidas, debiéndose construir pequeñas escaleras para poder alcanzar el nuevo nivel y salir a la calle. De nada sirvieron las explicaciones del maestro alarife de la villa, y las obras de adoquinado siguieron su curso. Una de las casas que se vieron afectadas fue la de Manuel Jurado, y en el carnaval de 1929 se cantó esta divertida copla que resumía, con mucha gracia y guasa, la anécdota:

“Por la obra del adoquinado de la calle Castelar,

le ocurrió un caso a un vecino que es muy digno de contar.

La puerta se la dejaron lo mismo que un ventanillo,

para entrar en el interior hay que volverse topillo.

La casa de Coronel es digna de visitar,

tuvo que vender la burra porque no podía entrar”.

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