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En diciembre de 1920 se produjo un triste suceso muy comentado en el pueblo y que provocó un sentimiento de miedo que se extendió entre el vecindario. Aquel año fue especialmente complicado. Por un lado, se produjeron hasta tres huelgas, una de las cuales, la declarada en septiembre, estuvo protagonizada por los obreros aceituneros por no aceptar los patronos las bases presentadas por aquellos. A ellas hay que añadir la grave agresión que sufrió el operario de la fábrica de tejidos de José Julio Lissén, Francisco Mejías, apodado ‘el Puya’, en la noche del 25 de noviembre.

Todo esto creó un ambiente verdaderamente crispado, que se agravó con la detención de varias personas, entre ellas Francisco Cesto, secretario del sindicato de obreros del campo y considerado como el principal instigador del movimiento sindical en Dos-Hermanas. Esa misma detención desató una serie de acciones violentas que trajeron miedo y preocupación a los vecinos de la villa. Y una de esas acciones fue la que pasamos a relatar, siguiendo las crónicas que el periódico La Unión publicó entre el 5 y el 11 de diciembre de 1920.

Según informó este rotativo, a las cuatro y media de la madrugada estalló un artefacto en una de las ventanas de la casa de Juan Manuel Gómez Claro, presidente de la Sociedad Patronal de Almacenistas y exportadores de aceitunas de Dos-Hermanas (creada en 1912 y disuelta en 1936). La ventana donde se produjo la explosión era la del dormitorio donde dormían Gómez Claro y su tercera esposa, Ana López Varela. Si bien la ventana y las rejas de las otras tres ventanas de la planta baja fueron destrozadas, el matrimonio, en cambio, no sufrió lesiones.

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El suceso, nuevo hasta ese momento en Dos-Hermanas (nunca antes se habían producido acciones violentas de este tipo), disparó los rumores en el pueblo. El periódico La Unión tuvo que desmentir algunos de ellos. Así, el 11 de diciembre manifestó que era “completamente incierto que la noche que estalló la bomba en casa de don [Juan] Manuel Gómez entrara en la calle Reina Victoria [actual del Canónigo], donde vive dicho señor un automóvil misterioso”.
Cuatro días más tarde estallaron dos pequeños artefactos en la venta ‘Nuestra Señora de Valme’, propiedad de Salvador Alarcón, yerno, precisamente, de Gómez Claro, y el 15 de diciembre explotó otra bomba en una de las ventanas del almacén de aceitunas de Manuel Torres Reina, en la calle Industria (actual Doctor Caro Romero).

Muy poco tiempo después, el día 18, fueron detenidas varias directivas de sociedades obreras por la posible relación con los atentados ocurridos en ese mes. Y a finales de enero del año siguiente, fueron detenidos y recluidos en la cárcel de Sevilla Dolores Carmona, encargada de la elaboración de la mayor parte de las bombas que explotaron en nuestra villa, Manuel Mata, presidente del llamado Comité Rojo de Dos-Hermanas, y el sindicalista nazareno Manuel López, apodado ‘el Churri’, el único capaz de organizar una campaña terrorista, según llegó a manifestar el propio Mata. Estos fueron, con la ayuda de cuatro personas más cuya identidad ignoramos, los responsables de aquellas explosiones de 1920.

Este fue un triste capítulo del movimiento obrero nazareno de principios del siglo XX, que, por fortuna, no volvería a repetirse.

1920. Juan Manuel Gómez Claro y su casa señorial

Juan Manuel Gómez Claro y su casa señorial

Este importante almacenista, nació en Dos-Hermanas en 1859, y contrajo matrimonio en tres ocasiones. Primero con la nazarena Dolores Claro Reina, con quien tuvo siete hijos: Antonio, José María (que llegaría a ser alcalde de la villa en dos ocasiones), Manuel, Francisco, Rafael, Ana y María del Valme Gómez Claro. Quedó viudo en 1900 y un año más tarde contrajo segundas nupcias en Alcalá de Guadaíra con Ana Álvarez Sánchez. En 1905, volvería a quedar viudo y nuevamente casó un año después en la iglesia de Santa María Magdalena con Ana López Varela. De estos dos últimos matrimonios no tuvo descendencia.

Su interés por la política local comenzó en los últimos años del siglo XIX. Entonces entró a formar parte del partido Conservador, quedando encuadrado en el grupo partidario de Francisco Silvela, como otros tantos nazarenos. Pero a principios del siglo XX decidió pasarse al comité local del partido Liberal, del que sería su líder entre 1913 y 1917, para, al final, decantarse por la facción romanonista (seguidora del conde de Romanones) del mismo partido.

En julio de 1909 consiguió ser elegido alcalde de la villa, llegando a hacer público, el día de su toma de posesión, “su decidido propósito de merecer la benevolencia de todos sus compañeros inspirando al efecto sus actos en la más recta e imparcial administración”. Sin embargo, poco tiempo estuvo al frente de la alcaldía, pues en noviembre de ese mismo año fue destituido por el gobernador civil de la provincia.

Asimismo, fue uno de los pioneros de la industria del aderezo de la aceituna en Dos-Hermanas. Colaboró con Manuel Valera Gómez cuando este último abrió el primer almacén de aceitunas de nuestra localidad. Después, en 1870, en unión de su hermano José Gómez Claro funda su propio almacén. Pero andado el tiempo, deciden emprender el camino por separado, y en 1893 Juan Manuel Gómez funda un nuevo almacén en asociación con José Varela Gómez, que quedaría establecido en la antigua hacienda de la Mina Chica. Nacía de esta forma el almacén de aceitunas de ‘Gómez y Varela’, que duró hasta bien entrado el siglo XX.

La fortuna que amasó con el negocio aceitunero le permitió construir, en 1910, la casa que fue protagonista del suceso que hemos relatado, la que en la actualidad lleva el n.º 48 de gobierno. Consta la vivienda de dos plantas, destacando su sencilla fachada, con una decoración lineal poco recargada. Destaca el almohadillado vertical presente en los laterales y entre los distintos vanos de la fachada. Todos los huecos están rematados por cornisas rectas que apoyan sobre pequeñas molduras. En la planta baja se abren la puerta principal (en el centro) y cuatro ventanas del mismo tamaño. Por su parte, en la planta superior encontramos, alineados con los huecos inferiores, cinco balcones que siguen tres modelos distintos. El central posee celosía de hierro y cristal, mientras que dos tienen rejería sobresaliente y los otros dos están alineados con la fachada. En la planta inferior vemos cuatro dormitorios, un salón, un despacho, un cierre, la cocina y la cochera, que da a la calle Melliza. En la alta, encontramos cuatro dormitorios, un salón, un trastero, baño y la azotea. Asimismo, sobre la puerta principal podemos ver una pequeña placa del Sagrado Corazón de Jesús de mediados del siglo XX.

La casa fue vendida, tiempo después de la muerte de Gómez Claro a la familia Mora, actual propietaria.

1920. Una bomba en la calle del Canónigo

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