En la legendaria y ancestral lucha entre perros y gatos, el texano Wes Anderson, ese director obsesionado hasta el extremo por el más nimio detalle en cada uno de los planos que componen sus películas, ha tomado un claro partido por los primeros ya desde el título y su juego de palabras en el que deja claro su adoración por estos animales. A pesar de que en su filmografía anterior (Los Tenenbaums, Life Aquatic, Moonrise Kingdom, Fantastic Mr. Fox…) los perros no acababan precisamente bien.

Estados Unidos-Alemania, 2018 (101′).
Título original: Isle of dogs.
Escrita y dirigida: Wes Anderson.
Producción: Wes Anderson, Jeremy Dawson, Steven Rales, Scott Rudin.
Fotografía: Tristan Oliver.
Música: Alexandre Desplat.
Montaje: Edward Bursch, Ralph Foster.
Intérpretes(voces originales): Bryan Cranston, Koyu Rankin, Edward Norton, Bob Balaban, Bill Murray, Jeff Goldblum, Kunichi Nomura, Akira Takayama, Greta Gerwiig, Frances McDormand, Scarlett Johansson, Harvey Keitel, Akira Ito, Tilda Swinton, Yoko Ono, F Murray Abraham, Ken Watanabe.

En esta su nueva película, Anderson (que vuelve a la animación en stop-motion tras aquella primera incursión que fue la enorme Fantastic Mr. Fox) nos vuelve a regalar una de sus obras magnas, al nivel de la mágica Moonrise Kingdom, y en la que, como también es habitual en él, hay proliferación de citas y referencias: desde Orson Welles en el discurso megalómano de Ciudadano Kane y la atracción abandonada de La dama de Shanghai, al cine de Kurosawa o de Miyazaki, pero en la que (sobre todo) hay un mensaje crítico con una visión política y social, con la corrupción de esos gobernantes que quieren perpetuarse en el poder y con la crisis de los refugiados como eslabones fundamentales.

Situada en el Japón de un futuro cercano, una gripe canina hace que el alcalde Kobayashi (cuya familia lleva generaciones al mando de la ciudad) ordene que todos los perros sean exiliados a la Isla Basura, un pequeño archipiélago usado como vertedero. Pocos meses después, el joven Atari, pupilo del alcalde, utiliza una pequeña avioneta y se presenta en la isla con la intención de encontrar y recuperar a su perro guardián, Spots. Con el niño perdido y una operación de rescate en marcha, y con la población de la ciudad convencida de los planes del malvado Kobayashi, un pequeño grupo de estudiantes de secundaria pro-perro se levantará contra el pérfido y emprenderá la lucha para salvar a los animales

Maestro absoluto del color y la composición del plano, el estilo visual de Anderson sigue estando presente y haciendo totalmente reconocible sus películas. También siguen estando presente su montaje rápido y unos diálogos ágiles y (en ocasiones) punzantes. Como la música (magnífica) de Alexandre Desplat, que ha recurrido (no podía ser de otro modo) a la cultura japonesa.

Toda la cinta, más allá de estar ambientada en el país, tiene referencias a la cultura nipona. Sushi, haikus, samurais y yakuzas, tambores taiko… Además (a pesar de cierta polémica creada), los personajes humanos (todos menos la joven estudiante de intercambio que lidera el grupo opositor) hablan en japonés, muchas veces sin ni siquiera subtítulos, buscando originales métodos de traducción simultánea, frente al inglés que hablan todos los perros (mostrando así la incomprensión entre unos y otros).

Un reparto de lujo (es un placer escuchar las voces, los matices, la expresividad de las voces originales, magníficos Bryan Cranston, Jeff Goldblum, Greta Gerwiig…), en una película en la que Anderson retoma temas tratados en otros momentos. No es este sino un retrato de una rebelión tierna, realizada por niños, que en cierto modo era lo que mostraba Moonrise Kingdom. Historia bella, con momentos de pura magia, al más puro estilo Anderson, ese que o se ama o se detesta. Cada encuadre es una joya. Toda la película es una joya, con un trabajo ingente para que los muñecos cobren vida, y a fe que lo hacen, y se queden dentro de ti.

MÁS CRÍTICAS EN: https://happyphantomblog.wordpress.com.

Película La Isla de los perros

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