La discriminación entre los seres humanos, por los motivos que sean (étnicos, religión, sexo, estatus social, etc.) es tan antigua como la propia humanidad. Y en todos los casos es consecuencia de fanatismos, creencias erróneas y, en definitiva incultura.

Todos los seres humanos somos iguales en las diferencias, independientemente de nuestro origen, etnia, sexo… Por tanto, no hay nada que justifique que unas personas, por el hecho de considerarse perfectas y en poder de la verdad o la razón, subyuguen a otras que previamente han etiquetado de inferiores.

Sobradamente conocemos el papel de la mujer en determinadas zonas del planeta donde son consideradas inferiores y están relegadas a cometidos de maternidad, trabajos domésticos y de otra índole, así como esclavas sexuales, pasando por ello, vejaciones, indiferencia e incluso mutilaciones.

Y eso no sólo ocurre en países que denominamos del tercer/cuarto mundo, que están sumidos en la pobreza, padecen hambrunas, enfermedades y otras miserias y en los que imperan el liderazgo social y político de unos cuantos y se dejan llevar por fanatismos y supersticiones.
También ocurre, eso sí a otros niveles, en países muy ricos, con gran poder adquisitivo pero que a causa de sus creencias y su cultura, ven la figura femenina como ciudadana de segundo o tercer orden.

Y en nuestro mundo desarrollado occidental, culto y democrático…. ¿qué está pasando? ¿Cómo está considerada la mujer en la magnífica, liberal y moderna Europa?

A nivel cerebral hay cosas que un hombre puede hacer mejor y/o más rápido y en otras es la mujer quien domina. Pero en contexto general tanto un sexo como el otro es capaz de llevar a efecto el mismo tipo de responsabilidades y actividades.

Pues bien, en la moderna Europa y en pleno siglo XXI, se sigue discriminando a la mujer. Según los últimos estudios de la Organización Internacional para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que como sabemos abarca a los 35 países que marcan el 75% del desarrollo económico del planeta, la mujer tiene acceso al mundo laboral un 15% por debajo de los hombres y en todo caso este acceso es muy superior en empleo precario al de los varones. También nos dice el mismo estudio que sólo un tercio de los altos cargos directivos son asequibles a las mujeres y que en casi todos los casos y a igualdad de categoría profesional y desarrollo de trabajo el sueldo de las mujeres es entre el 15 y el 20% inferior.

Aunque nos parezca trasnochado, existen aún hoy en día determinados criterios en la selección de personal que solo se aplican a mujeres. El mito de “la mujer florero” en el mundo laboral, no ha desaparecido, por desgracia.

Está claro que todos nos escandalizamos por el maltrato de la mujer en el tercer mundo pero no vemos la paja en el ojo propio.

Una mujer es maltratada cuando se le despide al quedar embarazada. Una mujer es ninguneada cuando se le hace un contrato basura de trabajo que permita el despido inminente. Una mujer es mutilada intelectualmente cuando no se le potencia su pleno desarrollo intelectual. Y cuando se le dificulta el acceso a altos cargos en proyectos científicos, direcciones de grandes empresas, política…etc.

Más del 60% de las licenciaturas universitarias corresponden a mujeres. Sin embargo a la hora de ejercer, a medida que la categoría profesional va aumentando, la presencia femenina va disminuyendo, hasta el punto que sólo el 14% de los altos cargos están ocupados por mujeres.
¡Basta ya! Al Estado y a la sociedad le reclamamos trato y consideración para la mujer, equiparando los trabajos, las oportunidades, los cargos y los sueldos al de sus compañeros varones.

Y que nuestros políticos y políticas se dediquen todos a luchar por la paridad y la dignidad de las mujeres. Necesitamos soluciones ¡ya!

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