De septiembre a enero he tenido la oportunidad de llevar a cabo las prácticas del Módulo de Grado Superior de Educación Infantil, en el CEIP El Palmarillo, dirigido por Marta Román, ‘seño’ de mi hermana Ana en su día.
He de confesaros que os habéis convertido en algo imprescindible, porque, a vuestra manera, me habéis ido dando un pedacito de vuestro ser, que yo he ido componiendo en un corazón gigante. Todo mi cuerpo se ha compuesto de esa parte vuestra, que llevo unida a mí desde el día que llegué al aula de 3ºA.

Camila, mi ojito izquierdo, dulce y tierna. Alejandra, mi otro derecho, bonita tanto por fuera como por dentro. Álvaro, mi brazo izquierdo, atento y comprensivo. Enma, mi brazo derecho, siempre guiándome. Antonio, mi pierna izquierda, la que se ponía en marcha cada vez que me cogía de su manita.

Daniel y Daniela, mi pierna derecha, mis ayudantes dentro y fuera del aula, obedientes y tiernos a partes iguales. Valentina, mi ‘yo’ chiquitina. Lucas y Rafa, mis hombrecitos, el primero callado y atento con sus ‘seños’, el segundo, revoltoso pero lleno de afecto por sus ‘seños’, que lo adoran.

Jimena, mi amorcito, que me la comía a besos. Juan José, un luchador nato. Carmen, mi guerrera incansable. Ángela, mi angelito, ¡qué digo de ti!, si es que cada día que he estado aquí me has sorprendido. Eres muy grande. Elena, lo más dulce del cole. Esperanza y Ainara, mis pequeños bichitos que me desesperan y me hacen sonreír a partes iguales.

Paula, una señorita con mucha magia. Aitor, eres único. No cambies nunca por favor. Irene, discreta y hermosa. Eres una muñeca, no sé si te lo habrán dicho más de una vez, pero es así. Ignacio, que te fuiste demasiado pronto a otro cole, te echo muchísimo de menos pero no dejo de recordar lo buenísimo que eras. Espero que en Valencia te acuerdes de nosotros como nosotros lo hacemos de ti.

Alba, reservada, alegre, una trabajadora nata, y con un gran corazón. Rocío, eres la niña más adorable que he conocido. Si es que no dejaría de hacerte cosquillas, solo por oír tu hermosa risa que me encanta.

Y mis latidos, que me dan la vida: Pablo y Elsa. De vosotros, ¿qué os digo que no sepáis ya? Que os quiero a rabiar, con locura. Cada uno estáis muy arraigados en mí.

Gracias de todo corazón a Charo Gálvez, tutora de la clase n.º 1 de educación infantil por su apoyo y estímulo constante.

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