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La Semana Santa como una llamada de esperanza y vida que cada año reciben los nazarenos. Este ha sido el lema o columna vertebral del pregón que Rafael López Márquez ha pronunciado en este Domingo de Pasión en el teatro municipal de Dos Hermanas.
Uno de esos pregones que pasarán a la historia, de los que volverán una y otra vez a la memoria, por la belleza de su prosa y verso, del envoltorio, así como por la profundidad de su contenido. Devoción y poesía unidas para anunciar que dentro de siete días “Jesucristo estará de vuelta”. Dedicando el pregón a “la vida de mi vida, mi hijo Rafa”, así como a todos los niños y niñas de Dos Hermanas, “sin los que la Semana Santa no tendría trascendencia”.

Así se cerró una hora y cuarto de una auténtica catequesis de fe pregonada, que arrancó, como ya es tradicional con la marcha Amarguras, de Font de Anta, y con los sones cofrades de Jesús de Getsemaní de Antonio J. Fernández Mejías , la marcha elegida para esta cita por el pregonero. Y entre marchas, Álvaro Cueli se encargó de presentar a Rafael López Márquez, con una bella semblanza para situar al pregonero en Dos Hermanas y su vida cofrade. ´

Llamada, fe y esperanza fueron tres conceptos muy presentes durante toda su disertación, al igual que vida y muerte, como dos caras de la misma moneda en la Pasión de Cristo. Destacando en todo momento la figura mariana de la Virgen en todas sus advocaciones, ya que, afirmó, “la Virgen me dejó creer que su fe no tiene fracturas”. Destacando, sobre todo, la necesidad de que la Amargura, “que sufre con nosotros y por nosotros”, siga cruzando la calle Cerro Blanco, “después de que la muerte haya visitado esta zona en forma de tragedia”.

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El pregón estuvo plagado de momentos de gran belleza, como cuando habló de la mirada de Jesús Cautivo, “reflejo de nuestros errores” o de la “imagen del Dios verdadero, divino y humano”, en la figura de Jesús de Pasión. O cuando se refirió a los ancianos y “el coraje con el que sobrellevan sus dolencias” para hablar del Gran Poder y su mensaje de que “la única lucha que no se pierde es la que se abandona nunca”.

Pregón de la Semana Santa de Rafael López Márquez

Pero, sin lugar a duda, uno de los pasajes más emotivos fue el del Cristo de la Vera-Cruz, con el que el pregonero quiso tener un sentido recuerdo para José Juan Rubio Castillero, un amigo fallecido hace siete años, y cuya muerte le enseñó a ver al Cristo crucificado de una forma diferente, ya que, afirmó, “tus ojos cerrados nos dicen que hay una nueva vida”. Además de destacar la figura del nazareno “como elemento indispensable de la Semana Santa para participar en esta manifestación de fe y cita honda con el Señor”.

Con sus recuerdos de infancia, durante su etapa de monaguillo en Santa María Magdalena, cuando ideó con unos amigos la puesta en marcha de una cofradía, Rafael López Márquez quiso tener unas palabras para las nuevas agrupaciones parroquiales que germinan en los últimos años en torno a la Semana Santa. “Una juventud comprometida en una época floreciente y de impulso”. Pidiendo que “se le dé su sitio a todas y no se retrase más su venida”.

Cada vez más convencido de que “todo tiene sentido y de que cada es más imprescindible la presencia de Dios en las calles de Dos Hermanas”, el pregonero quiso hacer un alegato por la vida pero a través de las donaciones, tanto de órganos como de sangre, ya que, aseguró “cada trasplante es un nacimiento”. Pidiendo, además, que “cambiemos el duelo por la vida, como auténticos artífices de la resurrección».

Anécdotas, leyendas, vivencias personales y una profunda convicción cristiana  dieron forma a un pregón de la Semana Santa que no dejó de provocar aplausos entre el aplauso, que le dedicó una gran ovación final a Rafael López Márquez cuando puso punto final a un pregón que sólo «quiso expresar los sentimientos que están por llegar«.

Pregón de la Semana Santa de Rafael López Márquez

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