El hecho de que en los recientes premios Goya la última película de Fernando León de Aranoa sólo tuviera nominaciones a las interpretaciones de Penélope Cruz y Javier Bardem, deja bastante claro dónde está el peso importante de la cinta.

Porque sí, técnicamente la obra que ha creado León de Aranoa tiene bastante solvencia; visualmente contiene escenas de violencia que resultan contundentes; y las potentes interpretaciones de Penélope y (sobre todo) un Javier inmenso, hacen que esta Loving Pablo deje un buen sabor de boca a medida que se está viendo. A pesar de sus carencias, que no son muchas.

El problema se incrementa después, cuando todo termina y se trata de analizar lo que se ha visto. Y es que esta historia del que (quizás) fue el mayor narcotraficante de la historia, el colombiano Pablo Escobar, resulta ya más que conocida, después de que en los últimos años hayamos tenido varios libros, la serie Narcos, la película Escobar: Paraíso perdido, que protagonizó Benicio del Toro (y en la que estaba el hermano de Javier Bardem), varios documentales y alguna que otra cinta que trataba al personaje de manera más o menos tangencial (como por ejemplo Barry Seal. El traficante), con lo que, en realidad, Loving Pablo aporta más bien poco.

España-Bulgaria, 2018 (123′)
Escrita y dirigida: Fernando León de Aranoa, basado en la novela de Virginia Vallejo.
Producción: Javier Bardem, Ed Cathel III, Kalina Kottas, Miguel Menéndez de Zubillaga, Dean Nichols.
Fotografía: Álex Catalán.
Música: Federico Jusid.
Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
Intérpretes: Penélope Cruz (Virginia Vallejo), Javier Bardem (Pablo Escobar), Peter Sarsgaard (Neymar), Julieth Restrepo (Maria Victoria Henao), David Valencia (Santos), Giselle da Silva (Olguita Arranz), Joavany Álvarez (Ignacio Velarde).

Basado en el libro de la periodista Virginia Vallejo, quien era la mayor estrella de la televisión colombiana cuando conoció a Escobar e inició una tormentosa relación con él, con el hombre que destruyó (o casi) un país entero, con el cruel y poderoso hombre que se enfrentó además al gobierno de los Estados Unidos. Y lo hace desde dentro, desde la intimidad. Sin que ello suponga (ni por asomo) humanizar al personaje, al monstruo, tampoco darle glamour al mundo de la droga. Quizás esa sea la diferencia con cierto cine de Hollywood (como en la mencionada anteriormente Barry Seal, que casi idealizaba al pícaro que engañaba a la policía metiendo droga en el país y ganando toneladas de dinero), ya que aquí el protagonista no es precisamente el bueno de la función.

El principal fallo de la película, a parte de la ya comentada sensación de ya visto, de déjà vu, es el confuso punto de vista de la narración. La historia está vista (supuestamente) desde el ojo de Vallejo, narrada en una voz en off que a veces resulta pedante y hace desconectar al espectador.

Pero ella desaparece, durante largo tiempo, como si la historia no fuese suya, como si no formase parte de ella. Por ello la voz en off, cuando aparece, despista más que ayuda. Y así, la pretendida visión de la periodista de Escobar, desde su papel de amante del monstruo, de cómo llegó a enamorarse de él, a formar (en cierto modo) parte de su despiadado mundo queda desdibujada, y lo único que resulta destacable en la película es la interpretación de un Javier Bardem con barriga postiza y una mirada que te hace temer. Descubriendo que Escobar no era el mito, el dios, el mito que otras producciones han querido presentar.

Película Loving Pablo de Fernando León de Aranoa

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