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-Este año, vosotros izaréis la bandera- Me adelantó el concejal aquella mañana, y para mí fue la noticia del día, del mes, del año… ¡de todos los tiempos!
Guardé como oro en paño la nueva, para que nadie la molestara ni la cambiara, para poderla airear justo en su momento.

¡Mis niños, nuestros niños, iban a tener ese honor!

Para algunos será un protocolo más, pero para mí, para nosotros, tiene un significado total y absoluto.

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La bandera, nuestra bandera, esa que se forjó con la lucha de todo un pueblo y una cultura tan especial para el mundo entero, ese día, será “levantada” por nuestros niños, que a poco serán hombres y mujeres, y que con su lucha –el doble de lucha, han merecido ese honor.

El 28 estábamos allí, y no fueron María, ni Carlos, ni Samuel, fueron todos y cada uno de ellos: los que ocupan nuestras sillas y los que no, y los que lo hicieron y ya no están. Todos ellos estaban allí, y con sus manos, palmo a palmo, levantaron la bandera y nos enseñaron que efectivamente, un futuro de igualdad es posible.

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